Y la vi parada ahí, perdida mirando hacia el mar. Yo la miraba desde no muy lejos, sentado en una roca de por allí. Me puse a pensar lo que pasara por su cabeza en ese momento, y por que no decirlo, lo que sintiera. Acaso nos pasara los mismo que a mí cuando parecía no encontrar la salida a la vida. Esperé que bajara la mirada y se volviera hacia mí. La vi sollozando y me vio un tanto sorprendida y avergonzada. Me acerque hacia ella. “Te pasa algo…?, le dije. “Sí… necesito ayuda”, me respondió. “Es que la vida se me va y no puedo alcanzarla”, me dice. “Te entiendo”, le dije. “La vida nos escogió para vivirla, no temas, tómate tu tiempo, ve despacio, con pausa y la misma vida te sorprenderá, cuando hayas sentido el modo de vivirla”, le dije. “Tienes razón, así lo haré”, y se fue.