danie
solo un pensamiento...
En el reflejo oscuro de la noche
se encuentran tus rastros,
disímiles a la mueca de la sonrisa del día;
pero absortos de eufemismo
al recordar tu nombre.
Los bordes llanos de la sombra
se vuelven revoltosos risos
de la curvatura de mi silencio,
mientras te imagino nombrar esas palabras
que alguna vez
en tu boca
quedaron por decir.
Una sucesión de fantasmas jerárquicos
desfilan al compás de un pasodoble de nostalgias,
y el perfume… Ay, el perfume
de tantos pasados eneros
se mezcla con el sueño de una noche.
La piel tiene memoria, el palpitar subyugado
de cada rincón de la alcoba, la nomenclatura
de una extraña lengua
que sólo nosotros conocimos.
¡Qué te puedo decir, Mujer? No tiene sentido
derramar una lágrima por el tiempo que fue
y no quiso ser más.
Prefiero aferrarme a aquel pequeño espacio
en el que se quemaron las naves de tus caricias,
tu calor de mujer para calentar otra vez
estas frías manos de soledad.
se encuentran tus rastros,
disímiles a la mueca de la sonrisa del día;
pero absortos de eufemismo
al recordar tu nombre.
Los bordes llanos de la sombra
se vuelven revoltosos risos
de la curvatura de mi silencio,
mientras te imagino nombrar esas palabras
que alguna vez
en tu boca
quedaron por decir.
Una sucesión de fantasmas jerárquicos
desfilan al compás de un pasodoble de nostalgias,
y el perfume… Ay, el perfume
de tantos pasados eneros
se mezcla con el sueño de una noche.
La piel tiene memoria, el palpitar subyugado
de cada rincón de la alcoba, la nomenclatura
de una extraña lengua
que sólo nosotros conocimos.
¡Qué te puedo decir, Mujer? No tiene sentido
derramar una lágrima por el tiempo que fue
y no quiso ser más.
Prefiero aferrarme a aquel pequeño espacio
en el que se quemaron las naves de tus caricias,
tu calor de mujer para calentar otra vez
estas frías manos de soledad.
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