Manuel Avilés Mora
Pluma libre
Venidos de la ternura
nacida del desbotono,
renacen con más encono,
mil orgasmos sin censura.
Son batallas de lujuria
ganadas por quien convoca
dulces versos en la boca
de quien rinde sus centurias.
De rumor algodonado,
tactos de pieles desnudas;
son calientes barracudas
que devoran lo sudado,
y sorben lo más sagrado
de las fuentes puntiagudas.
Se derriten en las pieles
y anegan suaves camastros,
en lugares de catastros
ajenos, por ser infieles.
¡O fieles al buen yantar!
Que nunca es mal acertar
la cena de los hoteles.
¡Ay, placeres bien armados
con mil llaves y clavijas!
¡Ay, las batallas de pijas
en lechos tan bien guardados!
Parecieran ser soldados...
Ratones en las rendijas.
nacida del desbotono,
renacen con más encono,
mil orgasmos sin censura.
Son batallas de lujuria
ganadas por quien convoca
dulces versos en la boca
de quien rinde sus centurias.
De rumor algodonado,
tactos de pieles desnudas;
son calientes barracudas
que devoran lo sudado,
y sorben lo más sagrado
de las fuentes puntiagudas.
Se derriten en las pieles
y anegan suaves camastros,
en lugares de catastros
ajenos, por ser infieles.
¡O fieles al buen yantar!
Que nunca es mal acertar
la cena de los hoteles.
¡Ay, placeres bien armados
con mil llaves y clavijas!
¡Ay, las batallas de pijas
en lechos tan bien guardados!
Parecieran ser soldados...
Ratones en las rendijas.