Fue en fiesta de cupido,
donde el sol, vestido de rojo fuego,
al mar besó, adornando sus olas con rayos de plata,
que por la osadía de nacer sin prisa,
a la luna quitó.
Aquella faustuosa noche,
a unir dos con amor, fui encomendado,
como estrella fugaz lanzado al azar,
y como un barco a la deriva navegue por los cielos,
cayendo luego, dando tumbos por ahí,
como una flecha perdida.
Extraña tierra,
a la que me aferré con desesperación,
y absorbiendo su sangre,
llené mis venas soñando ser árbol,
o florecer al menos
pero fracasé.
Hasta ayer,
que vi bostezar al horizonte y a mi lado caer,
con el alma astillada, otro disparo al amor,
errado.
Arqueando mi cuerpo el destino quebré,
besándola, aliviando su trino,
y hasta emborracharse, mis lagrimas bebió.
De ser como un mástil desterrado,
enamorado soy el mejor arco,
y como si un arpa fuera, pasa por mi el viento,
a recoger de ella sus cantos,
melodías que con cada soplido el mundo recorren,
en nombre de cupido, llevando el mensaje de amor,
que yo hoy,
vivo.