winamitta
Poeta recién llegado
¿Y por que has vuelto a tocar esta mi puerta?
Por que he anhelado el estar nuevamente a tu lado.
Esa respuesta fué un momento en el aire,
de esos espacios vacíos que se generan
por que el está cansado de tanto soplar;
y las hojas solo se arrastran y ya no revolotean
por esas calles vacías perdidas en un sin fin.
Entonces que haces aquí habiendo tantas más puertas
de esas acogedoras y altas, formadas en fila;
¿por qué quieres estacionarte aquí?
si al estar mejor partirás aprisa con todo fervor
dejándome solo colgado el corazón.
No hay respuestas a esas vacilaciones
que crean una falsa ilusión
por enterrar suavemente ese dolor,
perdido en una falsa especulación.
De esas que crean fantasías en una sola palabra,
de esas que ciegan la razón,
esa razón terca que no sabe callar y grita
a pulmón abierto !Mentira, mentira!
Pasa viento vacilante y no estaciones en mi puerta
no hay hojas que arrastrar,
no hay momentos para contar.
Ya una vez he sentido tu rozar
por mi cuerpo sumergido en tu promesa de amor,
y créeme que ahora te digo
que no quiero sentir ventisca alguna una vez más
pasar por esta puerta mía.
No eres viento dominante, solo pasajero.
Por que he anhelado el estar nuevamente a tu lado.
Esa respuesta fué un momento en el aire,
de esos espacios vacíos que se generan
por que el está cansado de tanto soplar;
y las hojas solo se arrastran y ya no revolotean
por esas calles vacías perdidas en un sin fin.
Entonces que haces aquí habiendo tantas más puertas
de esas acogedoras y altas, formadas en fila;
¿por qué quieres estacionarte aquí?
si al estar mejor partirás aprisa con todo fervor
dejándome solo colgado el corazón.
No hay respuestas a esas vacilaciones
que crean una falsa ilusión
por enterrar suavemente ese dolor,
perdido en una falsa especulación.
De esas que crean fantasías en una sola palabra,
de esas que ciegan la razón,
esa razón terca que no sabe callar y grita
a pulmón abierto !Mentira, mentira!
Pasa viento vacilante y no estaciones en mi puerta
no hay hojas que arrastrar,
no hay momentos para contar.
Ya una vez he sentido tu rozar
por mi cuerpo sumergido en tu promesa de amor,
y créeme que ahora te digo
que no quiero sentir ventisca alguna una vez más
pasar por esta puerta mía.
No eres viento dominante, solo pasajero.