Viento rojo.

Norainu

Poeta fiel al portal
Viento rojo.

Templo del oro, donde las carpas comen de tu mano.
Tu pelo negro, tan preciso que parece irreal.
No quise hablar durante la ceremonia del té,
no hay ocaso más hermoso.
Tus manos sobre la porcelana
no sabría dónde empieza una y acaban la otras.
El sol perezoso se oculta entre las cañas de bambú,
sopla el viento rojo y no sabemos si habrá un mañana.
Un día más se nos regala en la ciudad milenaria.
Vivimos y sentimos, silencio, sobran las palabras.
Se encienden los farolillos, avisando el cierre de las puertas y ventanas.
Me quedaría aquí bajo las estrellas hasta que de la vuelta el firmamento.
Pero también tengo una estrella
que me espera estirada en ese otro cielo que es tu pecho.
Siento el murmullo del rio caprichoso
que se hace más latente durante la noche,
aprovechando que todos duermen para cantar sobre las piedras
y los peces que atraviesan el agua.
Queda un suspiro entrando en la casa, quitándome los Geta antes de entrar.
Junco, papel y madera se despiden al entrar la noche.
Yo también.
Un día más se nos regala en la ciudad milenaria.
Sopla un viento rojo y no sabemos si habrá un mañana.
 
Última edición:
Viento rojo.

El templo del oro, donde las carpas comen de tu mano.
Tu pelo negro cae tan preciso que parece irreal.
No quise hablar durante la ceremonia del té
ya que no hay ocaso más hermoso.
Tus manos sobre la porcelana
no sabría dónde empieza una y acaban la otras.
El sol perezoso se oculta entre el repiqueteo de las cañas de bambú,
sopla el viento rojo y no sabemos si habrá un mañana.
Un día más se nos regala en la ciudad milenaria.
Vivimos y sentimos en silencio porque sobran las palabras.
Se encienden los farolillos, avisando el cierre de las puertas y ventanas.
Me quedaría aquí bajo las estrellas hasta que de la vuelta el firmamento.
Pero también tengo una estrella,
que me espera estirada en ese otro cielo que es tu pecho.
Siento el murmullo del río caprichoso
que se hace más latente durante la noche,
aprovechando que todos duermen para cantar sobre las piedras
y los peces que atraviesan su lecho.
Queda un suspiro entrando en la casa, quitándome los Geta antes de entrar.
Junco, papel y madera se despiden al entrar la noche.
Yo también.
Un día más se nos regala en la ciudad milenaria.
Sopla un viento rojo y no sabemos si habrá un mañana.

La forma que das al poema es atrapante, el manejo del verso metafórico es genial, y esas imágenes acopladas a una continuidad de hechos que dan profundidad, lo hace un buen poema. Me gustó mucho leerte, saludos desde Colombia. Pero lo veo más como surreal
 

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