Escobedo
Poeta asiduo al portal
Saliste a la negrura de la noche,
amiga mía,
para ver si el frescor atenuaba
el fuego que por dentro te roía;
pero el viento solano de la tarde
tan solo más ardores te traía,
porque ese mismo viento
voló aquello que tanto te quería.
Se llevó tus amores,
dejándote tu alma triste y fría;
y mientras se marchaba
tu corazón de pena se partía.
Salió la luna, iluminó tu cara,
tus ojos se llenaron de alegría,
entre la niebla gris,
una figura blanca refulgía:
era tu amor que, arrepentido,
al nido de su amada se volvía.
Juan de Escobedo 26-07-2010
amiga mía,
para ver si el frescor atenuaba
el fuego que por dentro te roía;
pero el viento solano de la tarde
tan solo más ardores te traía,
porque ese mismo viento
voló aquello que tanto te quería.
Se llevó tus amores,
dejándote tu alma triste y fría;
y mientras se marchaba
tu corazón de pena se partía.
Salió la luna, iluminó tu cara,
tus ojos se llenaron de alegría,
entre la niebla gris,
una figura blanca refulgía:
era tu amor que, arrepentido,
al nido de su amada se volvía.
Juan de Escobedo 26-07-2010