Vientos de pánico
Vientos de pánico soplan
bajo el grisáceo cielo,
ya no silban los pájaros
pero si silban las balas
y las campanas ya doblan
ante los cientos de muertos
que la guerra va dejando.
Cuerpos, cuerpos y más cuerpos
huyen a través de campos
abandonando sus casas,
cuerpos sumidos en llantos
dirigiéndose a la nada
con la muerte en los talones
oculta entre los árboles.
Alarga su mano el odio,
bocas de hierro llenas de ira,
corazones como piedras
que van apagando vidas
mientras tanto, las fronteras
tienen cerradas las puertas
a punta de metralletas.
El dolor se asoma al mundo
rememorando lo antaño,
un pasado de una herida
que aún no ha cicatrizado.
La sangre hierve en la cabeza
y busca sacarla fuera
por sus ya cegados ojos
a base de tirar plomo.
Muerta la paz, nace el odio,
torturas y muertes, hambre...
las flores desaparecen
devoradas por la guerra,
del eterno llueve sangre,
ansias de matar invaden
con arsenal de metales.
Pasiones dictatoriales,
palabras devoradoras
rebuscan entre las sombras
devorarse entre ellos mismos,
desmoronarse cual piedra
entre truenos y zumbidos
mientras millones de niños
y mayores, se congregan
a las puertas de fronteras
entre alambres de espinos
clamando ser acogidos.
Reluce el cielo en la noche,
retumban umbrías calles,
calles que son cementerios,
ventanas brotando sangre,
ríos de dolor corriendo
por todo el país, gritando
al mundo que no ojeéis,
sino que abráis los ojos
y abráis bien las orejas
y que de una vez actuéis
librándoles de la muerte
que se esconde en las fronteras.
Luis
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