Y mientras jugaban los niños con esos alfabetos luminosos,
mientras los puentes esperan,
y la aldea tiene un cuerpo melodioso en una tierra que estremece…
y además están, los ojos negros que taladraban el tiempo,
y esos vientos de perros que erizaban las madrugadas…
las lavanderas que cortejaban con los cipreses,
los lamentos del río con cascabeles,
los pasos de los susurros por los tejados;
los rebaños cantores,
y el lecho que descansa sobre esos oídos remotos de los montes.