Simón333
Poeta asiduo al portal
Sentid,
sentid con tu cuerpo acechante
aquel viejo susurro que vuelve
envuelto en manta escarlatada
Mirad aquel río del ayer manso,
como se encrespa en sus orillas
lamiendo apenas suceptible
sus abultados canales
Mirad como se levantan
en flamantes pompones
las esquirlas que hieren
al dormido caminante
Sentid que el frío comienza
en suave briza fingida,
para en bramido seco
convertir en aguas feroces,
las aguas que ayer, sólo ayer,
estuvieron quietas
Despertando insólitas, bramantes
desplazándose cínicamente,
esculpiendo la estatua simétrica
del cansado pergrino
Sentid como el frío paraliza
en su indiferencia glacial
ahogando las palabras
mudas de espanto
de gargantas lasceradas
Petrificado en ese otear profundo
buscando incesante
en aquel segundo que muerde
las razones de un viejo estigma,
vagan solitarias
las mentes dormidas,
los ojos ciegos,
los nuevos sometidos
Sabed, el látigo nunca durmió
viene bramando en su sumbido
portado por el cruel verdugo
arrastrado por la noche
para hacer de la carne, miseria.
La bestia nunca murió,
siempre estuvo alli,
como un grito maldito
suspendido en el aire,
agazapada, acechando,
la oportunidad del zarpazo
La bestia no ha muerto,
está allí, oculta,
dormitando a escondidas
esperando...
siempre, esperando
Simón Reyes
sentid con tu cuerpo acechante
aquel viejo susurro que vuelve
envuelto en manta escarlatada
Mirad aquel río del ayer manso,
como se encrespa en sus orillas
lamiendo apenas suceptible
sus abultados canales
Mirad como se levantan
en flamantes pompones
las esquirlas que hieren
al dormido caminante
Sentid que el frío comienza
en suave briza fingida,
para en bramido seco
convertir en aguas feroces,
las aguas que ayer, sólo ayer,
estuvieron quietas
Despertando insólitas, bramantes
desplazándose cínicamente,
esculpiendo la estatua simétrica
del cansado pergrino
Sentid como el frío paraliza
en su indiferencia glacial
ahogando las palabras
mudas de espanto
de gargantas lasceradas
Petrificado en ese otear profundo
buscando incesante
en aquel segundo que muerde
las razones de un viejo estigma,
vagan solitarias
las mentes dormidas,
los ojos ciegos,
los nuevos sometidos
Sabed, el látigo nunca durmió
viene bramando en su sumbido
portado por el cruel verdugo
arrastrado por la noche
para hacer de la carne, miseria.
La bestia nunca murió,
siempre estuvo alli,
como un grito maldito
suspendido en el aire,
agazapada, acechando,
la oportunidad del zarpazo
La bestia no ha muerto,
está allí, oculta,
dormitando a escondidas
esperando...
siempre, esperando
Simón Reyes
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