UCRONICO
Poeta recién llegado
La Luna lava la plata
a la verita del río,
pero tú libas el néctar
en carnoso cáliz vivo.
Los juncos doblan su tallo
por la brisa conmovidos:
si no ciñeras mi talle
me doblaba yo vencido.
Pececillos saltarines,
que yo creía dormidos,
soplan burbujas amadas
en mi corazón vacío.
Musitan aladas musas
versos de amor al oído.
Suena la lira en silencio...
¡Cercano ronda Cupido!
¡Oh noche en que crucé el puente
para juntarme contigo,
flotando de orilla a orilla
mi corazón confundido!
¡Oh puente que me llevaste
con los dioses del Olimpo,
a escanciar en vasos propios
el dulce néctar divino!
Lanzó tu mirada el rayo
a mis ojos dirigido:
llena, la trémula crátera
derrama su contenido.
¡Inexperto escanciador
para tan preciado vino!
El vértigo nubla mis ojos
y tapona mis oídos:
alta se encuentra fundada
la morada de los divos.
Cansado llego de andar
el tortuoso camino.
Escabel das a mis pies
de blancas nubes de lino.
Bálsamo para mi herida
suponen tus suaves mimos.
¿Cuándo soñó el servidor
con llegar a ser servido?
Quiero tuyo mi regazo,
quiero tu tálamo mío,
y que sorprenda la Aurora
nuestros destinos unidos.
a la verita del río,
pero tú libas el néctar
en carnoso cáliz vivo.
Los juncos doblan su tallo
por la brisa conmovidos:
si no ciñeras mi talle
me doblaba yo vencido.
Pececillos saltarines,
que yo creía dormidos,
soplan burbujas amadas
en mi corazón vacío.
Musitan aladas musas
versos de amor al oído.
Suena la lira en silencio...
¡Cercano ronda Cupido!
¡Oh noche en que crucé el puente
para juntarme contigo,
flotando de orilla a orilla
mi corazón confundido!
¡Oh puente que me llevaste
con los dioses del Olimpo,
a escanciar en vasos propios
el dulce néctar divino!
Lanzó tu mirada el rayo
a mis ojos dirigido:
llena, la trémula crátera
derrama su contenido.
¡Inexperto escanciador
para tan preciado vino!
El vértigo nubla mis ojos
y tapona mis oídos:
alta se encuentra fundada
la morada de los divos.
Cansado llego de andar
el tortuoso camino.
Escabel das a mis pies
de blancas nubes de lino.
Bálsamo para mi herida
suponen tus suaves mimos.
¿Cuándo soñó el servidor
con llegar a ser servido?
Quiero tuyo mi regazo,
quiero tu tálamo mío,
y que sorprenda la Aurora
nuestros destinos unidos.
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