VÍNCULOS DE SOMBRA
(Acompañando a Tannhäuser en su regreso del Venusberg.)
Recorriendo hirsutas oquedades
preñeces de la tierra no cuajadas
amenazan las columnas de himenópteros
devorar las suculencias ofrecidas.
Es mediodía y tu carne, Venus, rebosa geometrías
mientras el latido del mar se bifurca
entre tus muslos de columnas invioladas:
la carne avanza como un renuente himeneo.
Se recrean las espadañas desahuciadas
por los gavilanes cazadores
y el horizonte agredido por los sonidos palpitantes de las arpas eólicas
enturbia la nobleza de los escudos cuartelados.
Sobre la ígnea meseta sólo el barro germinado,
sólo el barro del que surge esa nueva raza de hombres
que han sustituído a los trigos y a su corte de amapolas
prepara el recibimiento del inevitable apocalipsis.
Vuelan tus ojos como esquirlas
hacia un cielo de promesas que el mercurio no ha de cumplir,
esquivan estas conmociones, estos latidos disformes
que siguen, como cruces de martirio, habitando entre nosotros.
¿Quien dejó sin abrir el expediente de los crímenes de amor?
¿qué maléfico y turbio viento nos arrastra hacia la lluvia?
Todos nosotros, creados por la voz magnífica del pasado que no cesa en su fluir
todos nosotros seremos deshechos en nuestras formas perfectas.
Abandonamos las ciudades maldecidas por los dioses,
abandonamos los suburbios del pecado, oh mi pequeña prostituta preñada
en ti habita la promesa del futuro, y sólo puedo ofrecerte
estos campos desolados.
Pero serás la nueva virgen adorada por los lobos
y cantada por los tiernos balidos de los corderos neonatos
somos polvo, el agua de las lluvias nos aglomera y da forma
y nos deshace, impía, en un atroz juego de eternidades.
Basculan los hemisferios, despojándonos de nortes
en nuestra marcha de figuras como sombras
hacia esa noche común que nos ha de iluminar
Mi sombra, ese anticipo de muerte, ese vínculo que me ata al intradós de tus ojos.
Ilust.: Escena de “Blade runner.”
(Acompañando a Tannhäuser en su regreso del Venusberg.)
Recorriendo hirsutas oquedades
preñeces de la tierra no cuajadas
amenazan las columnas de himenópteros
devorar las suculencias ofrecidas.
Es mediodía y tu carne, Venus, rebosa geometrías
mientras el latido del mar se bifurca
entre tus muslos de columnas invioladas:
la carne avanza como un renuente himeneo.
Se recrean las espadañas desahuciadas
por los gavilanes cazadores
y el horizonte agredido por los sonidos palpitantes de las arpas eólicas
enturbia la nobleza de los escudos cuartelados.
Sobre la ígnea meseta sólo el barro germinado,
sólo el barro del que surge esa nueva raza de hombres
que han sustituído a los trigos y a su corte de amapolas
prepara el recibimiento del inevitable apocalipsis.
Vuelan tus ojos como esquirlas
hacia un cielo de promesas que el mercurio no ha de cumplir,
esquivan estas conmociones, estos latidos disformes
que siguen, como cruces de martirio, habitando entre nosotros.
¿Quien dejó sin abrir el expediente de los crímenes de amor?
¿qué maléfico y turbio viento nos arrastra hacia la lluvia?
Todos nosotros, creados por la voz magnífica del pasado que no cesa en su fluir
todos nosotros seremos deshechos en nuestras formas perfectas.
Abandonamos las ciudades maldecidas por los dioses,
abandonamos los suburbios del pecado, oh mi pequeña prostituta preñada
en ti habita la promesa del futuro, y sólo puedo ofrecerte
estos campos desolados.
Pero serás la nueva virgen adorada por los lobos
y cantada por los tiernos balidos de los corderos neonatos
somos polvo, el agua de las lluvias nos aglomera y da forma
y nos deshace, impía, en un atroz juego de eternidades.
Basculan los hemisferios, despojándonos de nortes
en nuestra marcha de figuras como sombras
hacia esa noche común que nos ha de iluminar
Mi sombra, ese anticipo de muerte, ese vínculo que me ata al intradós de tus ojos.
Ilust.: Escena de “Blade runner.”