Vino el que yo quería,
el que yo llamaba.
Benjamín Prado
el que yo llamaba.
Benjamín Prado
Vino desde mi tierra
en la brisa del sur de los días de estío
con la quietud perfecta de las horas.
No desde la garganta de la nieve,
no desde el frío de un acento urbano.
Vino como el cabello
a la orilla del mar,
insumiso y valiente
devorando mis ojos.
Vino desde mi casa,
desde mi propio hogar
que era su cuerpo,
que era su voluntad de pronunciarse
en la blandura del placer del agua.
Y llegó como vino,
para quedarse en mí
porque ya estaba.