VISION DE UN ATARDECER CARENTE DE PERSPECTIVA
Cae la flor con su ojo abierto
Hay pétalos sangrantes y el ojo ríe
Juega el ojo en la sombra y resuena su risa
al caer desde la mano blanca
Ella me mira desde su rostro que es ahora espejo
un espejo vacío en el que no cuaja mi reflejo
La sombra de su capa negra enmarca el atardecer
y suena una música metálica desde el gramófono
Ella viste de sombra negra sombra color de sus ojos
que ruedan con audaz asimetría por las curvas del camino
la curva se hace eterna entre árboles y aullidos
y el sexo es un viejo cuchillo capaz
de abrir las ostras más insolentes
El lecho aguarda entreabierto como promesa ofrecida
giran las sábanas blancas sobre el negror del vestido
el gran cuchillo brilla impaciente
y la ostra se estremece ante el súbito suicidio
Sus ojos adormecidos se cierran con un agudo chirrido
cantan pájaros sin sonido posiblemente alondras
dejando vacíos los nidos donde ella duerme ahora
el gramófono cesa su grosera canción de chicharra desvencijada
Es la hora de la misa vespertina
pero el teléfono no suena y ella sigue dormida
la oscuridad se apodera de su sueño
venciendo al resplandor de las lámparas votivas
Por una percepción sutil intuyo que ella es hermosa
aunque no he visto su rostro ni sus manos
solo el vacío que dejan sus curvas armoniosas
envueltas en gasas negras
Si. Ahora lo se
Ella es definitivamente hermosa como la Muerte
me lo dice con claridad de proverbio esa flor u ojo entreabierto
que sostiene entre sus manos
con pétalos sangrantes como un borracho decapitado
Se refleja su rostro núbil en el cuchillo leproso
que llama a su sangre joven con un ímpetu callado
y una corona de espuma se hace eterna
entre sus labios.
El silencio que brota desde el piar de los pájaros
rompe los espejos que aprisionan a las jóvenes doncellas
que serán entregadas a la Muerte.
Los latidos se hace olas que se estrellan en el muelle
Hay visiones obsoletas que presentan la Historia como un fuelle
Ella en sus negras vestiduras oscila entre deseos y páginas sepia
Los campos ya desaparecieron con sus nubes pero...
La vida en la ciudad sigue.
Ilust.: “Rosas sangrantes”. Salvador Dalí. 1930
Cae la flor con su ojo abierto
Hay pétalos sangrantes y el ojo ríe
Juega el ojo en la sombra y resuena su risa
al caer desde la mano blanca
Ella me mira desde su rostro que es ahora espejo
un espejo vacío en el que no cuaja mi reflejo
La sombra de su capa negra enmarca el atardecer
y suena una música metálica desde el gramófono
Ella viste de sombra negra sombra color de sus ojos
que ruedan con audaz asimetría por las curvas del camino
la curva se hace eterna entre árboles y aullidos
y el sexo es un viejo cuchillo capaz
de abrir las ostras más insolentes
El lecho aguarda entreabierto como promesa ofrecida
giran las sábanas blancas sobre el negror del vestido
el gran cuchillo brilla impaciente
y la ostra se estremece ante el súbito suicidio
Sus ojos adormecidos se cierran con un agudo chirrido
cantan pájaros sin sonido posiblemente alondras
dejando vacíos los nidos donde ella duerme ahora
el gramófono cesa su grosera canción de chicharra desvencijada
Es la hora de la misa vespertina
pero el teléfono no suena y ella sigue dormida
la oscuridad se apodera de su sueño
venciendo al resplandor de las lámparas votivas
Por una percepción sutil intuyo que ella es hermosa
aunque no he visto su rostro ni sus manos
solo el vacío que dejan sus curvas armoniosas
envueltas en gasas negras
Si. Ahora lo se
Ella es definitivamente hermosa como la Muerte
me lo dice con claridad de proverbio esa flor u ojo entreabierto
que sostiene entre sus manos
con pétalos sangrantes como un borracho decapitado
Se refleja su rostro núbil en el cuchillo leproso
que llama a su sangre joven con un ímpetu callado
y una corona de espuma se hace eterna
entre sus labios.
El silencio que brota desde el piar de los pájaros
rompe los espejos que aprisionan a las jóvenes doncellas
que serán entregadas a la Muerte.
Los latidos se hace olas que se estrellan en el muelle
Hay visiones obsoletas que presentan la Historia como un fuelle
Ella en sus negras vestiduras oscila entre deseos y páginas sepia
Los campos ya desaparecieron con sus nubes pero...
La vida en la ciudad sigue.
Ilust.: “Rosas sangrantes”. Salvador Dalí. 1930