VISIÓN DEL ROQUEDAL A TRAVÉS DE LA CALIMA
Abrazados por los amantes que impetran sus latidos
esas formas opulentas
martirizadas en su epidermis mineral
esas formas suntuosas
cuya alma desconocida ciega y áptera
esconde todo el fuego de los silencios impuestos.
Sobrevuelan los deseos en la ardorosa canícula
y apenas el llanto ardiente alimenta el resplandor de la aurora
Alba cotidiana que desciende de las montañas
Alba sinuosa en la que forman sus delicados meandros
las caricias de esas lágrimas vertidas
espesando los cendales que extienden los ocasos.
Amante toma mi mano y sincronicemos nuestras sombras
Es la hora precisa de la muerte simultánea
La hora en la que se encienden los fanales de los
descomunales barcos.
La eterna singladura de mi alma que no cesa
teje redes isostáticas desde la playa hasta la pavorosa sentina
Nunca más el marinero volverá a serle infiel a su sirena
Nunca más el ojeroso argonauta
escamoteará el tibio rayo de sol que se precipita
por el tenebroso abismo
encendiendo las últimas lámparas votivas
o latidos moribundos de las crisálidas neonatas.
-Es doloroso vivir junto a un precipicio
escuchando sin cesar el fragor
de las osamentas que entrechocan
sus huesos como esperanzas-
Abrazados por los amantes que impetran sus latidos
esas formas opulentas
martirizadas en su epidermis mineral
esas formas suntuosas
cuya alma desconocida ciega y áptera
esconde todo el fuego de los silencios impuestos.
Sobrevuelan los deseos en la ardorosa canícula
y apenas el llanto ardiente alimenta el resplandor de la aurora
Alba cotidiana que desciende de las montañas
Alba sinuosa en la que forman sus delicados meandros
las caricias de esas lágrimas vertidas
espesando los cendales que extienden los ocasos.
Amante toma mi mano y sincronicemos nuestras sombras
Es la hora precisa de la muerte simultánea
La hora en la que se encienden los fanales de los
descomunales barcos.
La eterna singladura de mi alma que no cesa
teje redes isostáticas desde la playa hasta la pavorosa sentina
Nunca más el marinero volverá a serle infiel a su sirena
Nunca más el ojeroso argonauta
escamoteará el tibio rayo de sol que se precipita
por el tenebroso abismo
encendiendo las últimas lámparas votivas
o latidos moribundos de las crisálidas neonatas.
-Es doloroso vivir junto a un precipicio
escuchando sin cesar el fragor
de las osamentas que entrechocan
sus huesos como esperanzas-