Visión Nocturna de un Mundo Infeliz...

Marta Rivero

Poeta recién llegado
Viajaba en la ciudad del desprecio intentando descubrir los rostros maquiavélicos de la sociedad… nutrida de angustia, corroída por la insatisfacción…

Pude ver a través de los escaparates los semblantes del miedo, y también pude ver aquellos rostros pálidos de inhumana calidad…

Entonces pregunté a la inocencia de aquellos infantes que aún contaban la verdad, tras un velo de serena cara… en la penumbra de aquella farola…

Y vi rostros ancianos, varios cansados por la tan ansiada espera de la enormidad de esa palabra compuesta a saber por quién… que sólo los sabios entienden que no existe…

¡Cuánta verborrea en aquellas sonoras palabras! Que se pierden en el aire…

Giré mi rostro y me encontré con el desengaño ajeno… y con miradas de auxilio en manos sueltas cómo quien pide limosna…

Y vi el lado oscuro de aquella calle llamada libertad en la que todos nos entendíamos como si viéramos un halo en cada figurante…

Entonces cerré mis ojos y sentí la infelicidad de aquellos que viven buscándola… de aquellos que viven poniendo tiritas a heridas que necesitan transpirar…

Cogí aire, para ver que había paz en otros rostros que paseaban de noche, haciendo una visión nocturna…
 
Viajaba en la ciudad del desprecio intentando descubrir los rostros maquiavélicos de la sociedad… nutrida de angustia, corroída por la insatisfacción…

Pude ver a través de los escaparates los semblantes del miedo, y también pude ver aquellos rostros pálidos de inhumana calidad…

Entonces pregunté a la inocencia de aquellos infantes que aún contaban la verdad, tras un velo de serena cara… en la penumbra de aquella farola…

Y vi rostros ancianos, varios cansados por la tan ansiada espera de la enormidad de esa palabra compuesta a saber por quién… que sólo los sabios entienden que no existe…

¡Cuánta verborrea en aquellas sonoras palabras! Que se pierden en el aire…

Giré mi rostro y me encontré con el desengaño ajeno… y con miradas de auxilio en manos sueltas cómo quien pide limosna…

Y vi el lado oscuro de aquella calle llamada libertad en la que todos nos entendíamos como si viéramos un halo en cada figurante…

Entonces cerré mis ojos y sentí la infelicidad de aquellos que viven buscándola… de aquellos que viven poniendo tiritas a heridas que necesitan transpirar…

Cogí aire, para ver que había paz en otros rostros que paseaban de noche, haciendo una visión nocturna…


Momentos que has vivido o has fantaseado, buscando esa timidez nocturna, que te haga sentir mejor...
Un placer haber pasado, un beso.
 

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