cesar curiel
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me vi sentado entre un tumulto,
viendo y observando la trama que salía
de un mortuorio salón;
vi el drama de las huestes, el dolor de mi gente
y el adiós indiferente que le daban algunos
al insípido féretro color marrón.
Vi a una joven desolada, con lágrimas ya pintadas
escondiendo sus pesares entre copas con alcohol
y vi a una niña disfrazada, con vestido largo y fino
dando la apariencia de querer ser mayor;
y a otra jovencita en un rincón muy solita
con su vista ya perdida por tener tanto dolor.
Había muchos invitados, unos serios muy acongojados
estaban otros platicando, entre risas recordando
y otros muy curiosos viendo el cuerpo inerte
que yacía en el fondo del cajón;
vi a dos de mis amigos y a mi padre muy dolido
sentado en una silla con una taza de turrón.
Yo estaba sorprendido, ver parientes y amigos,
vecinos y curiosos llenar ese lugar con flores
y quejidos, llantos que salen del corazón;
me acerqué al ataúd aun abierto, entre pena
y morbo disuelto para ver al pobre diablo
que dejo su respiración.
Gran sorpresa tuve al verlo, el cadáver ahí dormido
con traje negro y palidecido, no era otro sino yo;
incauto metí la mano, tocando mi propio rostro
mire inseguro aquella escena, mórbida y fría
!nadie me veía! solo yo y mi propio cuerpo,
no se movía y al mirar al frente vi a la muerte
que me decía esto se acabo.
sentado recorde aquel mal día, un sueño macabro
en donde la parca muerto me tenia, viendo
aquella escena grotesca y vacía; aun recuerdo todavía
pues mi mente no se olvida de tanta tristeza comprimida
en los rostros que vi en mi visión;
comprendiendo que el estar con vida es lo mejor.
viendo y observando la trama que salía
de un mortuorio salón;
vi el drama de las huestes, el dolor de mi gente
y el adiós indiferente que le daban algunos
al insípido féretro color marrón.
Vi a una joven desolada, con lágrimas ya pintadas
escondiendo sus pesares entre copas con alcohol
y vi a una niña disfrazada, con vestido largo y fino
dando la apariencia de querer ser mayor;
y a otra jovencita en un rincón muy solita
con su vista ya perdida por tener tanto dolor.
Había muchos invitados, unos serios muy acongojados
estaban otros platicando, entre risas recordando
y otros muy curiosos viendo el cuerpo inerte
que yacía en el fondo del cajón;
vi a dos de mis amigos y a mi padre muy dolido
sentado en una silla con una taza de turrón.
Yo estaba sorprendido, ver parientes y amigos,
vecinos y curiosos llenar ese lugar con flores
y quejidos, llantos que salen del corazón;
me acerqué al ataúd aun abierto, entre pena
y morbo disuelto para ver al pobre diablo
que dejo su respiración.
Gran sorpresa tuve al verlo, el cadáver ahí dormido
con traje negro y palidecido, no era otro sino yo;
incauto metí la mano, tocando mi propio rostro
mire inseguro aquella escena, mórbida y fría
!nadie me veía! solo yo y mi propio cuerpo,
no se movía y al mirar al frente vi a la muerte
que me decía esto se acabo.
sentado recorde aquel mal día, un sueño macabro
en donde la parca muerto me tenia, viendo
aquella escena grotesca y vacía; aun recuerdo todavía
pues mi mente no se olvida de tanta tristeza comprimida
en los rostros que vi en mi visión;
comprendiendo que el estar con vida es lo mejor.