Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
VISIONES INSTANTÁNEAS
Rostros asoman y se aterran.
Es el fin
-tal vez-
de la inocencia.
Muchos niños con hambre cavilan
una canción de cucharas que caen
desde algún precipicio sin fondo.
La sombra, la noche, inician su cortejo,
danzan en holgorios/
contonean las siluetas
de cornisas y percheros.
Cinturas de mujeres ateas
cortejan ermitaños magos y arlequines.
Desde un risco otear
cadáveres apátridas
jugando un ludo ineludible
en la mesa de sus amos.
Olvidar es el idioma;
la patria destierra entre oblaciones
emboscadas de águilas y tigres.
Inocentemente ser herido
acuchillado
por un alba loca y siniestra.
Revertir oquedades para que todo reinicie/
torcer el instante girabundo y solemne.
Entender la parábola
del hombre solitario
– su omnívoro espíritu-
borrando del almanaque
adagios de fechas y de exilios.
Rostros asoman y se aterran.
Es el fin
-tal vez-
de la inocencia.
Muchos niños con hambre cavilan
una canción de cucharas que caen
desde algún precipicio sin fondo.
La sombra, la noche, inician su cortejo,
danzan en holgorios/
contonean las siluetas
de cornisas y percheros.
Cinturas de mujeres ateas
cortejan ermitaños magos y arlequines.
Desde un risco otear
cadáveres apátridas
jugando un ludo ineludible
en la mesa de sus amos.
Olvidar es el idioma;
la patria destierra entre oblaciones
emboscadas de águilas y tigres.
Inocentemente ser herido
acuchillado
por un alba loca y siniestra.
Revertir oquedades para que todo reinicie/
torcer el instante girabundo y solemne.
Entender la parábola
del hombre solitario
– su omnívoro espíritu-
borrando del almanaque
adagios de fechas y de exilios.
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