Khande Canes
Poeta recién llegado
Anoche soñé un gran Apocalipsis en el que vosotros perecíais y yo mismo perecía también. De súbito – ¡la vida, oh la vida! - comprendí todos los mitos y relatos del mundo, y busqué ninfas y faunos y otras deidades menores tan escurridizas que jamás serían encontradas por casualidad. Con la piel aún tierna, abrí mis ojos, y en lugar de en llanto, estallé en amplia mueca. Así se saluda a la Verdad pues ella necesita de esa extraña devoción [dásela o te convertirá en Faetón, en Ícaro, en un tábano].
Vi ciudades enteras sin un alma que las habitara, vacías de toda vida, llenas de silencios y astros invisibles. Espectros iracundos rondaban las calles, trayendo consigo los fatuos fuegos azules del infierno. Los perros del Hades tienen siempre la misma constitución: tres cabezas hambrientas en un mismo cuerpo.
Olí la putrefacta visión de la Injusticia, a la que no sólo injurié sino que también degollé para regar los campos baldíos. Una vez más, sentí el dolor de mis ancestros que vino a mí a modo de maldición atávica. Que dios impuso la sentencia nunca lo supe. Quien de mis abuelos fue Adán permanecerá en el olvido. Al igual que el rostro de la madre de mi madre, de la abuela de mi abuela, de la Eva de mi sangre.
Y es que anoche, oí al cielo llamándome a través de un espantoso coro de flautas. Noté a las brujas untarme extraños ungüentos que me hicieron volar. Saboreé por un momento la Libertad y la deje escapar por el simple y absurdo hecho de verla correr.
Vi ciudades enteras sin un alma que las habitara, vacías de toda vida, llenas de silencios y astros invisibles. Espectros iracundos rondaban las calles, trayendo consigo los fatuos fuegos azules del infierno. Los perros del Hades tienen siempre la misma constitución: tres cabezas hambrientas en un mismo cuerpo.
Olí la putrefacta visión de la Injusticia, a la que no sólo injurié sino que también degollé para regar los campos baldíos. Una vez más, sentí el dolor de mis ancestros que vino a mí a modo de maldición atávica. Que dios impuso la sentencia nunca lo supe. Quien de mis abuelos fue Adán permanecerá en el olvido. Al igual que el rostro de la madre de mi madre, de la abuela de mi abuela, de la Eva de mi sangre.
Y es que anoche, oí al cielo llamándome a través de un espantoso coro de flautas. Noté a las brujas untarme extraños ungüentos que me hicieron volar. Saboreé por un momento la Libertad y la deje escapar por el simple y absurdo hecho de verla correr.
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