Me acuerdo de dos muchachos afectos de Sindrome de Down, uno es muy buen amigo, vive en Italia, se llama Sergio, el otro se me sentó al lado en un autobús, ambos me maravillaron con sus ocurrencias, haciéndome comprender que la diferencia entre el hombre y los animales sí es el alma.
Porque, ¿ves?, según los médicos un niño de estos tiene el mismo IQ de un chimpancé, pero un mono, por muy inteligente que sea, no puede disfrutar de un partido de basseball o futbol, ni tiene equipo favorito, ni se ríe de los chistes que le hecho, ni me cuenta chistes increíbles.
En estos casos (y todos los casos de retraso mental), el afectado es un genio; que tiene que arreglárselas con una calculadora de bolsillo en la cabeza, y fíjate, los delfines tienen un cerebro más complicado que el nuestro, con más circunvoluciones, y con una relación cerebro-cuerpo mayor, pero ningún delfín le llega ni a los talones a un enfermo de estos.
Así los delfines tienen el mejor computador del mundo, pero siendo animales no es mucho lo que pueden lograr, en cambio, estos niños con su mínima calculadora, logran APRENDER Y APREHENDER, como el común de las gentes no tiene idea.
A veces creo que ellos están así porque enfrentan el examen más importante de su existencia, como los cursos de sobrevivencia de los Marines, es como si Dios le hubiera dicho:
-Demostraste lo genial que eres con un cerebro sano, ahora déjame ver qué eres capaz de hacer con un cerebro enfermo, y si superas la prueba te regalo un par de alitas blancas y te asciendo al grado de Ángel del Señor.-
Como la prueba final para entrar al Cielo de Dios.
Porque ¿ves?, Sergio -quien me llamaba Fonzi, porque yo solía vestir como Artur Fonzarelli de Happy Days, y cada vez que me veía me saludaba con la seña correspondiente, diciéndome "¡Fonzi, heeeeeii!" y yo le respondía con el hei y la señal de costumbre- es un hombre sensible, generoso, cariñoso, una belleza de persona, y todos los que he conocido, afectados por esa enfermedad, tanmbién son así.
Claro, ellos también tienen sus momentos malos, y debido a su enfermedad les cuesta más que a uno controlarse, pero ¿quién no tiene esos momentos?.
Piensa que ese niño va a ser un ángel cuando esté viejito y arrugado como una pasita y Dios se lo lleve, mientras nosotros seguiremos aquí, bregando en este infierno que llamamos Tierra.
Mis aplausos y estrellas POETISA, Dios te bendiga y a él también.