alenairam
Poeta recién llegado
Me hallo sentada
frente al desolado
museo de muertos,
corre un aire frío
y la noche no tiene brillo.
En este barrio
ya no hay nada
más que ese desolado museo,
se oye a lo lejos el ladrido de los perros
y más cerca el aullar de los dioses del tiempo.
No hay luz, ni voces,
solo hay frío y una desesperante calma.
Se ve una espesa capa de niebla
que sale desde el inmenso portón del museo
invadiendo las tristes calles.
De entre la niebla
viene saliendo un jinete
montado en su caballo,
un animal puro, tan oscuro como la noche,
tan salvaje como los sentimientos.
Ese jinete de elegante andar sobre su fiera salvaje,
traía puesto una capa y un sombrero negro,
no se veía más que el resplandor de las llamas de sus ojos.
Al llegar hasta mi
se detuvo como quien se queda en el tiempo,
no dijo palabra alguna, me miraba sin mirar,
solo escuchaba mi respiración congelada y nada más.
Pero al intentar irme
oigo su ronca voz que sin voltear a verme dice,
vos serás la prisionera del desconcierto,
vagarais por un cielo imperfecto,
viajarais como un espectro por
el reino del infierno,
vivirás con ignorancia y herejía,
ajena a todo, cargarais tú maldición
como quien cargase oro."
Más yo no respondí, solo mire
el suelo, tome su palabra para cumplirla
así tal cual la dicta.
He aprendido que no hay quien escape
de el con vida,
más yo hice lo que el no esperaba
y acepte su maliciosa palabra.
Hoy estoy con vida,
aunque con herejía e ignorancia
frente al desolado
museo de muertos,
corre un aire frío
y la noche no tiene brillo.
En este barrio
ya no hay nada
más que ese desolado museo,
se oye a lo lejos el ladrido de los perros
y más cerca el aullar de los dioses del tiempo.
No hay luz, ni voces,
solo hay frío y una desesperante calma.
Se ve una espesa capa de niebla
que sale desde el inmenso portón del museo
invadiendo las tristes calles.
De entre la niebla
viene saliendo un jinete
montado en su caballo,
un animal puro, tan oscuro como la noche,
tan salvaje como los sentimientos.
Ese jinete de elegante andar sobre su fiera salvaje,
traía puesto una capa y un sombrero negro,
no se veía más que el resplandor de las llamas de sus ojos.
Al llegar hasta mi
se detuvo como quien se queda en el tiempo,
no dijo palabra alguna, me miraba sin mirar,
solo escuchaba mi respiración congelada y nada más.
Pero al intentar irme
oigo su ronca voz que sin voltear a verme dice,
vos serás la prisionera del desconcierto,
vagarais por un cielo imperfecto,
viajarais como un espectro por
el reino del infierno,
vivirás con ignorancia y herejía,
ajena a todo, cargarais tú maldición
como quien cargase oro."
Más yo no respondí, solo mire
el suelo, tome su palabra para cumplirla
así tal cual la dicta.
He aprendido que no hay quien escape
de el con vida,
más yo hice lo que el no esperaba
y acepte su maliciosa palabra.
Hoy estoy con vida,
aunque con herejía e ignorancia