jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
como en la mañana no recordé que era su puto cumpleaños
en la tarde que volví del trabajo mi mujer estaba jeta;
se había sentado en mi sillón favorito para ver
una de esas putas telenovelas de mierda llenas de fulanas
con tetas de silicona y nalgas a reventar de pvc;
desde luego, no había hecho de comer
ni barrido ni trapeado la puta casa
y encima estaba ya en vías de ponerse hasta el culo de whisky
"¡si quieres comer, pide una pizza!"
yo no quería ponerme a discutir
así que cogí el teléfono y pedí una hawaiana
luego agarré el periódico y me metí al baño
y me puse a cagar mientras leía las noticias:
en singapur había temblado y había 10000 muertos
en el metro de moscú había explotado una bomba y matado a 50
en parís había caido un meteorito arriba de la torre eiffel
y dos turistas japoneses habían muerto al saltar al vacío;
con tanta muerte hasta se me empezó a quitar el hambre
imaginé las ciudades de singapur reducidas a escombros
la gente asfixiándose debajo de toneladas de cemento
los bebés despanzurrados al caerles encima el ático de las casas
hermosas chicas asiáticas de ojos sensualmente rasgados
aplastadas como cucarachas por pesadas paredes de concreto
imaginé también la sangrienta carnicería en moscú
los brazos y las piernas y las narices de los moscovitas
desperdigados a lo largo del subterráneo del metro
las cabezas arrancadas de los cuerpos incrustadas en el techo de los vagones
los perros vagabundos hambrientos bajando a husmear
entre los restos humanos en busca de un pedazo de intestino
cuando llamaron a la puerta me sobresalté
me limpié el culo y me subí el pantalón y me lavé las manos
crucé la sala y abrí la puerta de la calle
el repartidor de pizza sonrió mecanicamente
zapoteca con chorizo verde, dijo
yo no pedí esa mierda, repuse, yo pedí la hawaiana
-si hay algo que me causa estreñimiento es el chorizo verde-
alguien canceló la orden original, dijo el repartidor
y pidió a cambio la zapoteca con chorizo verde
esa hija de puta, pensé
pagué la pizza y le di 20 pesos de propina al repartidor
cerré la puerta y me dirigí a la sala
pensé en los cuerpos en descomposición bajo el sol de singapur
pensé en las chicas asiáticas cubiertas por los edificios derruidos
¿cuántas habrían muerto sin haber hecho nunca el amor?
¿cuántas habrían muerto sin haberse enamorado todavía?
pensé en la hija de puta llamando por teléfono a la pizzería
y pidiendo que cambiaran la hawaiana mientras yo cagaba
saqué la pizza de la caja y me acerqué a mi media naranja
la muy cerda estaba medio echada a lo largo del sillón
¡aquí tienes tu puto chorizo, hija de la chingada!, dije
y luego le aplasté la pizza contra su estúpida cara
no crean que no me remordió desperdiciar 150 pesos
además me sentía muy sensible por las víctimas de singapur
las víctimas de moscú y aquel par de japoneses voladores
¿por qué morían tantos a diario sin que pareciera existir
la menor finalidad detrás de sus absurdas muertes?
¿por qué las vidas de los que habitamos este jodido planeta
contenían esa desproporcionada cantidad de mierda y sufrimiento?
salí a la calle envuelto en toda clase de lúgubres reflexiones
el cielo al poniente estaba coloreado de un tono malva brillante
las gaviotas volvían a sus refugios para pernoctar
bajé a la playa y me senté en la arena
el mar estaba en calma y sólo de vez en cuando
una leve brisa soplaba a lo largo de la orilla
cogí un puñado de arena y lo lancé al aire;
millones de años antes aquellos granos de arena
habían formado parte de una inmensa roca;
supuse que alguna conclusión podría extraerse de este hecho
pero me había vuelto el hambre y no estaba de humor
como para ponerme a extraer ninguna puta conclusión de nada
me levanté y volví a casa
a lo mejor lograba rescatar de entre las ruinas de la zapoteca
una rebanada para llevarme a la boca
y si quieren una conclusión aquí la tienen:
hasta un jodido pedazo de chorizo atorado en el culo es preferible
a quedar hecho mierda en el metro por culpa de una bomba
Última edición: