Ancalfer
Poeta recién llegado
VIVIR SIN CONCIENCIA
Es la sombra y el espectro
de mi conciencia cansada,
quien camina vagando
por los espacios vacíos
de esperanzas e ilusiones
de mi corazón dañado,
no siento nada, ni mis sentidos noto,
mi fiel amada,
aunque rogarte quisiera
para que seas, más que mi amante, mi hada,
y me guiaras por el camino recto a mi destino
donde todo pierde su fuerza y firmeza en el olvido.
Tristeza de ser doliente
de esa falta de cariño,
porque dentro de mi alma
siento mi pecho ardiente,
y aunque murmuren la gente,
lloro siempre como un niño,
con esa pena ferviente
que siempre llevo por dentro
y que me nubla la mente;
pero todo no es maldad,
ni abandono, ni soledad,
es mi conciencia yacente
que no quiere asimilar
que es la vida que corre
y que yo no quiero aceptar.
Cuando llega la noche oscura,
es cuando más te presiento,
creo verte corriendo y triste
loca y sin conocimiento,
con miedo y con lamentos,
y aunque te veo llorando,
no es nada lo que yo siento,
porque mi alma es el viento,
que vuela sola y errante,
por los tiempos de los tiempos,
por eso no podré darte
ese cariño sincero
que me pides con angustia
como si fuera el primero.
Todo está predestinado
en la vida y en la muerte,
yo no quiero que mi mente
se desvíe de la corriente
que ha de regir mi destino
para seguir mi camino
hasta que pueda yo verte,
y si la vida se tuerce,
poder tenerte presente
en mis pensamientos de siempre.
Antonio Calvo Fernández
Es la sombra y el espectro
de mi conciencia cansada,
quien camina vagando
por los espacios vacíos
de esperanzas e ilusiones
de mi corazón dañado,
no siento nada, ni mis sentidos noto,
mi fiel amada,
aunque rogarte quisiera
para que seas, más que mi amante, mi hada,
y me guiaras por el camino recto a mi destino
donde todo pierde su fuerza y firmeza en el olvido.
Tristeza de ser doliente
de esa falta de cariño,
porque dentro de mi alma
siento mi pecho ardiente,
y aunque murmuren la gente,
lloro siempre como un niño,
con esa pena ferviente
que siempre llevo por dentro
y que me nubla la mente;
pero todo no es maldad,
ni abandono, ni soledad,
es mi conciencia yacente
que no quiere asimilar
que es la vida que corre
y que yo no quiero aceptar.
Cuando llega la noche oscura,
es cuando más te presiento,
creo verte corriendo y triste
loca y sin conocimiento,
con miedo y con lamentos,
y aunque te veo llorando,
no es nada lo que yo siento,
porque mi alma es el viento,
que vuela sola y errante,
por los tiempos de los tiempos,
por eso no podré darte
ese cariño sincero
que me pides con angustia
como si fuera el primero.
Todo está predestinado
en la vida y en la muerte,
yo no quiero que mi mente
se desvíe de la corriente
que ha de regir mi destino
para seguir mi camino
hasta que pueda yo verte,
y si la vida se tuerce,
poder tenerte presente
en mis pensamientos de siempre.
Antonio Calvo Fernández