Manuel de Cilla
Poeta recién llegado
Vivo sin vivir
tras la sombra alargada de tu cuerpo,
tras la luz de tu encendida ventana,
tras tus ojos que sin mirar me matan.
Vivo sin vivir
tras los coches que te llevan,
tras las luces que te alumbran,
tras las manos que suaves te tocan.
Vivo sin vivir
tras la noche que te envuelve,
tras los gatos que maúllan tu ausencia,
tras las aceras que conservan la madrugada.
Vivo sin vivir
tras los pasos que dejan los cobardes,
tras la sangre que sangran mis heridas,
tras las nubes que cubren tu cielo.
Pero un día.
El día menos pensado.
Saltaré la barrera
que separa tu vida y la mía.
Viviré viviendo
como los días que renacen,
como la noche se rehace,
como calle en día de fiesta.
Y no habrá más tras en mis tinteros,
y no habrá más versos de vidas prisioneras,
y mi cuerpo será el tuyo
sobre el fino tejado que envuelve cada grano de arena.
tras la sombra alargada de tu cuerpo,
tras la luz de tu encendida ventana,
tras tus ojos que sin mirar me matan.
Vivo sin vivir
tras los coches que te llevan,
tras las luces que te alumbran,
tras las manos que suaves te tocan.
Vivo sin vivir
tras la noche que te envuelve,
tras los gatos que maúllan tu ausencia,
tras las aceras que conservan la madrugada.
Vivo sin vivir
tras los pasos que dejan los cobardes,
tras la sangre que sangran mis heridas,
tras las nubes que cubren tu cielo.
Pero un día.
El día menos pensado.
Saltaré la barrera
que separa tu vida y la mía.
Viviré viviendo
como los días que renacen,
como la noche se rehace,
como calle en día de fiesta.
Y no habrá más tras en mis tinteros,
y no habrá más versos de vidas prisioneras,
y mi cuerpo será el tuyo
sobre el fino tejado que envuelve cada grano de arena.