Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
A pesar del sudor que exuda mi cuerpo,
la frialdad que lloran mis lágrimas,
estremece mi corazón cubierto de surcos inmorales
y regado de salinos anacoretas instantes.
la frialdad que lloran mis lágrimas,
estremece mi corazón cubierto de surcos inmorales
y regado de salinos anacoretas instantes.
Oscilan 30 grados en el termómetro esta tarde
y desde mi semblante la caída libre se observa en contraste
pudriendo los respiros ,
que desde mi vaho pululan entre veredas y calles,
dejando estelas de hielo,
que mis huellas se quejan desde hace un tiempo a esta parte.
y desde mi semblante la caída libre se observa en contraste
pudriendo los respiros ,
que desde mi vaho pululan entre veredas y calles,
dejando estelas de hielo,
que mis huellas se quejan desde hace un tiempo a esta parte.
Sollozos y lamentos someten estos versos,
a quedarse semidesnudo tras de esta depuesta coraza,
ungida en algún tiempo bajo un portal mientras gritaba bravuconadas,
dormitando en un somier con afiladas escamas,
dando un entretiempo a este cadáver con tú insolente llegada.
a quedarse semidesnudo tras de esta depuesta coraza,
ungida en algún tiempo bajo un portal mientras gritaba bravuconadas,
dormitando en un somier con afiladas escamas,
dando un entretiempo a este cadáver con tú insolente llegada.
Huesudas son mis lágrimas,
rodando incandescentes y llena de pliegues,
mientras camino atolondrado sobre el pasto,
humedeciendo palabras olvidadas,
que se han dormido en el jardín de mi vetusta mirada.
rodando incandescentes y llena de pliegues,
mientras camino atolondrado sobre el pasto,
humedeciendo palabras olvidadas,
que se han dormido en el jardín de mi vetusta mirada.
Si
, a pesar del sol,
hoy me habría quedado en mi cama,
oyendo mis ladridos inhumanos y ermitaños,
surgiendo vertiginosos desde este vientre,
que hace tiempo olvido tararear melodías diáfanas,
mordiendo las voces que estrangulan la mascarada
hoy me habría quedado en mi cama,
oyendo mis ladridos inhumanos y ermitaños,
surgiendo vertiginosos desde este vientre,
que hace tiempo olvido tararear melodías diáfanas,
mordiendo las voces que estrangulan la mascarada