josepanton
Poeta recién llegado
Volaban tus manos y se escuchó un rumor de alas,
median mis dedos el volumen de la espera,
cubriendo con rosa espuma la dirección del alba,
trizando el mandato de mi soledad severa.
Rodaba rodaba la luna por el cielo cazando sombras,
mientras tu rostro se dormía en las barbas del silencio;
girando junto al viento que ayer desató todas las barcas,
hundiéndose en el fuego genital de las arenas.
Pero a tus manos no las borra el tiempo,
van, vienen, reverberan como las pálidas abejas,
cuando el estío se instala sobre el azul del mundo.
A veces, se entrelazan con la aritmética del día,
y ecuaciones más duras que el sueño de una piedra,
al cernirse sobre mí, me devuelven tu rostro.
median mis dedos el volumen de la espera,
cubriendo con rosa espuma la dirección del alba,
trizando el mandato de mi soledad severa.
Rodaba rodaba la luna por el cielo cazando sombras,
mientras tu rostro se dormía en las barbas del silencio;
girando junto al viento que ayer desató todas las barcas,
hundiéndose en el fuego genital de las arenas.
Pero a tus manos no las borra el tiempo,
van, vienen, reverberan como las pálidas abejas,
cuando el estío se instala sobre el azul del mundo.
A veces, se entrelazan con la aritmética del día,
y ecuaciones más duras que el sueño de una piedra,
al cernirse sobre mí, me devuelven tu rostro.
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