Évano
Libre, sin dioses.
Titila el ruiseñor ante las puertas
inmensas del invierno que le aviene.
Mi avecilla desliza por laderas
de hielos que forma el miedo que retiene.
Ya no baten las alas de mis versos.
Deshojados por vientos del otoño
revolotean asustados, ciegos
por la voz de tu vela que no alumbra.
Volverán los alegres ruiseñores
en tu jardín sus cantos a librar;
mas, mi avecilla de hielo no podrá
libar la primavera de tus flores.
Si derrites al invierno con tus manos,
y en ellas me cobijas otra vez,
prometo ser poeta que amamante
a los hijos que el hombre necesita.
Y llévame hasta el calor de tus ojos;
que la vela que ilumine entre la niebla
sea el vuelo a laderas de mis miedos.
Sácame de este invierno, de este alud
que cubre al ruiseñor de hielo y versos.
inmensas del invierno que le aviene.
Mi avecilla desliza por laderas
de hielos que forma el miedo que retiene.
Ya no baten las alas de mis versos.
Deshojados por vientos del otoño
revolotean asustados, ciegos
por la voz de tu vela que no alumbra.
Volverán los alegres ruiseñores
en tu jardín sus cantos a librar;
mas, mi avecilla de hielo no podrá
libar la primavera de tus flores.
Si derrites al invierno con tus manos,
y en ellas me cobijas otra vez,
prometo ser poeta que amamante
a los hijos que el hombre necesita.
Y llévame hasta el calor de tus ojos;
que la vela que ilumine entre la niebla
sea el vuelo a laderas de mis miedos.
Sácame de este invierno, de este alud
que cubre al ruiseñor de hielo y versos.