Calimero
Poeta recién llegado
Desvestimos ataviadas soledades
dando a luz, resueltos por el alma,
cuando se posan nuestras manos
hilvanando esta lluvia de gemidos,
las hojas de este frugal calendario
desprendido de nuestros cuerpos.
Pronuncias mi nombre, de nuevo,
voy hacia ti para regresar hacia mí;
junto a las nubes de los estorninos,
danzamos girando por este lecho:
una y otra vez yacemos exhaustos.
Bienhallados tras la peregrinación
del silencio hacia el mismo silencio,
somos las eternas aves migratorias
que volamos con nuestras alas rotas.
Sentimos la fractura de los besos;
reparando las alas, una y otra vez,
empañamos los espejos.
dando a luz, resueltos por el alma,
cuando se posan nuestras manos
hilvanando esta lluvia de gemidos,
las hojas de este frugal calendario
desprendido de nuestros cuerpos.
Pronuncias mi nombre, de nuevo,
voy hacia ti para regresar hacia mí;
junto a las nubes de los estorninos,
danzamos girando por este lecho:
una y otra vez yacemos exhaustos.
Bienhallados tras la peregrinación
del silencio hacia el mismo silencio,
somos las eternas aves migratorias
que volamos con nuestras alas rotas.
Sentimos la fractura de los besos;
reparando las alas, una y otra vez,
empañamos los espejos.