De los espantapájaros, en el ojo de la verdura;
el pulso de sarmiento,
la mano de raíces, que profundizan…
de las raspas melódicas, que arrebataba el frío;
los tenderetes, y el tinte de los sueños…
ese oleaje marrón, que hemos hallado…
el diagrama de una pizca de tabaco,
esa transparente sedosidad, en un nudo de calles…
esos sueños, que persiguen otros sueños,
y esos vientos de canciones interiores…
acaso aquellos anhelos, que desgranábamos en festivales de luces;
o esos estudios, donde precipitan precipicios,
esas nebulosas cálidas, del café y la literatura…
los pensamientos, expandidos y libres,
con la respiración del dragón,
con la promesa de las semillas y los inciensos…
la huella del perfume, el fogonazo rojo,
y lo que escarbábamos de la ciudad;
como tejón que se entromete,
en una voluptuosidad de mil demonios…
el pulso de sarmiento,
la mano de raíces, que profundizan…
de las raspas melódicas, que arrebataba el frío;
los tenderetes, y el tinte de los sueños…
ese oleaje marrón, que hemos hallado…
el diagrama de una pizca de tabaco,
esa transparente sedosidad, en un nudo de calles…
esos sueños, que persiguen otros sueños,
y esos vientos de canciones interiores…
acaso aquellos anhelos, que desgranábamos en festivales de luces;
o esos estudios, donde precipitan precipicios,
esas nebulosas cálidas, del café y la literatura…
los pensamientos, expandidos y libres,
con la respiración del dragón,
con la promesa de las semillas y los inciensos…
la huella del perfume, el fogonazo rojo,
y lo que escarbábamos de la ciudad;
como tejón que se entromete,
en una voluptuosidad de mil demonios…