Cinarizina
Poeta que considera el portal su segunda casa
Resplandece un diamante
en el espacio distante,
donde mar y cielo se confunden
y lo que es agua parece nube.
En mi bote de remos
entre rápidos y contra vientos,
eché la suerte;
me dirigí al infinito celeste,
sin horario y sin sueño,
olvidándome del mundo
seguí la ruta del punto,
a veces entre olas perdido,
otras, en una nube escondido,
de humor haciendo derroche.
De día y de noche
rodeé la esfera morena,
a ratos fulgurante y coqueta,
a ratos oscura y quieta
como si no existiera.
Nunca jamás pisé tierra,
como una noria que da vueltas
me mareé siguiendo su huella;
consumí cien mil calendarios
que no me fueron necesarios,
pues en la bitácora y en mi alma
sólo dos incidentes figuraban,
primero, llegar al punto anhelado,
segundo, bregar por el primero.
Yo iba en mi bote de remos,
mi punto en su nube cabalgando,
nunca con él empalmé mi vida;
vacía volví al punto de partida,
él mi presencia sigue ignorando.
en el espacio distante,
donde mar y cielo se confunden
y lo que es agua parece nube.
En mi bote de remos
entre rápidos y contra vientos,
eché la suerte;
me dirigí al infinito celeste,
sin horario y sin sueño,
olvidándome del mundo
seguí la ruta del punto,
a veces entre olas perdido,
otras, en una nube escondido,
de humor haciendo derroche.
De día y de noche
rodeé la esfera morena,
a ratos fulgurante y coqueta,
a ratos oscura y quieta
como si no existiera.
Nunca jamás pisé tierra,
como una noria que da vueltas
me mareé siguiendo su huella;
consumí cien mil calendarios
que no me fueron necesarios,
pues en la bitácora y en mi alma
sólo dos incidentes figuraban,
primero, llegar al punto anhelado,
segundo, bregar por el primero.
Yo iba en mi bote de remos,
mi punto en su nube cabalgando,
nunca con él empalmé mi vida;
vacía volví al punto de partida,
él mi presencia sigue ignorando.