Alan Rosas
Poeta recién llegado
He vuelto a la costumbre
de no tenerte aquí conmigo,
de no verte sonreír,
de no verte cuando me miras,
de no decirte cosas lindas al oído.
De no aferrarme a la vida
rodeando con mis brazos tu cintura,
de no acariciar tu tez tierna
color como aquel verano que te conocí,
de no escucharte decir que me amas
y que sin mí no puedes vivir un día más.
Porque aunque no muera en tu ausencia,
no puedo vivir con ella.
A esto sabe el que no estés,
a nada bueno que me desees.
Volví a la vieja costumbre
de no sentirme libre
atado entre tus brazos.
De no estar donde estas
para ser culpable
por haberte robado muchos besos,
y estar condenado
a libertad incondicional a tu lado.
A esto le llamo estar preso
en tu ausencia,
y ser esclavo de la soledad.
Otra vez estoy de vuelta
a la vieja costumbre
de ya no estar a donde van los buenos,
en ese cobijo que me regalan tus besos
sobre el regazo de tu labios,
De ya no tener ese buen reposo
que tiene la paz para mis pesares,
en esa calma que tienes,
marco mis alegrías con un beso
sobre tu frente
por tenerte conmigo.
De ya no estar en ese buen camino
que me iluminan tus ojos,
en esa promesa que me dan
sobre una vida mejor,
siempre y cuando este a tu lado.
Esto es estar perdido en la negrura,
de un día cuando no estas.
Volviendo a la vieja costumbre
de ir con las manos vacías
y sentir el aire
pasando entre mis dedos,
y como estos se sujetan a nada
porque no están tus manos
para aferrarse a las mías.
Esto es ir solo por el mundo,
sin ti aquí a mi lado
y sin yo allá donde estas.
Regrese a estar con la soledad
que me deja tu ausencia
cada vez que te vas.
La soledad sabe a noches frías
que se guardan tus suspiros,
para que no le den aliento a mi vida
que se consume en la espera,
y a días soleados
que custodian tu sombra,
para que no me alivie esta tristeza
que se fortalece en la añoranza.
La soledad sabe a ir a donde sea sin ti,
y a estar en esos lugares donde estuviste,
que se distinguen
por haberte visto pasar junto a mí.
A esto sabe la soledad,
sabe a no tenerte aquí.
Me dejaste con la costumbre
de verte sonreír,
de verte cuando me miras,
de decirte cosas lindas al oído,
de aferrarme a la vida
rodeando con mis brazos tu cintura,
de escucharte decir que me amas
y que sin mí no puedes vivir,
de estar atado entre tus brazos
y de robarte muchos besos,
de pedir asilo a tus labios
para que me beses
y de ver tus ojos
para sentirme mejor que nunca,
de ser feliz por tener la paz que me das
cuando estas frente a mí,
y de ir agarrado de tus manos
a cualquier lugar.
Me dejaste con la costumbre
de estar siempre junto a ti.
Estoy por el callejón
de la melancolía,
frente a la cera de la nostalgia
que tiene ese poste de la esperanza
que la ilumina,
y que a veces le titila su ilusión.
Está a la vuelta de la vieja costumbre
de tu ausencia.
No he olvidado cómo esperarte,
había olvidado cómo es no tenerte …
de no tenerte aquí conmigo,
de no verte sonreír,
de no verte cuando me miras,
de no decirte cosas lindas al oído.
De no aferrarme a la vida
rodeando con mis brazos tu cintura,
de no acariciar tu tez tierna
color como aquel verano que te conocí,
de no escucharte decir que me amas
y que sin mí no puedes vivir un día más.
Porque aunque no muera en tu ausencia,
no puedo vivir con ella.
A esto sabe el que no estés,
a nada bueno que me desees.
Volví a la vieja costumbre
de no sentirme libre
atado entre tus brazos.
De no estar donde estas
para ser culpable
por haberte robado muchos besos,
y estar condenado
a libertad incondicional a tu lado.
A esto le llamo estar preso
en tu ausencia,
y ser esclavo de la soledad.
Otra vez estoy de vuelta
a la vieja costumbre
de ya no estar a donde van los buenos,
en ese cobijo que me regalan tus besos
sobre el regazo de tu labios,
De ya no tener ese buen reposo
que tiene la paz para mis pesares,
en esa calma que tienes,
marco mis alegrías con un beso
sobre tu frente
por tenerte conmigo.
De ya no estar en ese buen camino
que me iluminan tus ojos,
en esa promesa que me dan
sobre una vida mejor,
siempre y cuando este a tu lado.
Esto es estar perdido en la negrura,
de un día cuando no estas.
Volviendo a la vieja costumbre
de ir con las manos vacías
y sentir el aire
pasando entre mis dedos,
y como estos se sujetan a nada
porque no están tus manos
para aferrarse a las mías.
Esto es ir solo por el mundo,
sin ti aquí a mi lado
y sin yo allá donde estas.
Regrese a estar con la soledad
que me deja tu ausencia
cada vez que te vas.
La soledad sabe a noches frías
que se guardan tus suspiros,
para que no le den aliento a mi vida
que se consume en la espera,
y a días soleados
que custodian tu sombra,
para que no me alivie esta tristeza
que se fortalece en la añoranza.
La soledad sabe a ir a donde sea sin ti,
y a estar en esos lugares donde estuviste,
que se distinguen
por haberte visto pasar junto a mí.
A esto sabe la soledad,
sabe a no tenerte aquí.
Me dejaste con la costumbre
de verte sonreír,
de verte cuando me miras,
de decirte cosas lindas al oído,
de aferrarme a la vida
rodeando con mis brazos tu cintura,
de escucharte decir que me amas
y que sin mí no puedes vivir,
de estar atado entre tus brazos
y de robarte muchos besos,
de pedir asilo a tus labios
para que me beses
y de ver tus ojos
para sentirme mejor que nunca,
de ser feliz por tener la paz que me das
cuando estas frente a mí,
y de ir agarrado de tus manos
a cualquier lugar.
Me dejaste con la costumbre
de estar siempre junto a ti.
Estoy por el callejón
de la melancolía,
frente a la cera de la nostalgia
que tiene ese poste de la esperanza
que la ilumina,
y que a veces le titila su ilusión.
Está a la vuelta de la vieja costumbre
de tu ausencia.
No he olvidado cómo esperarte,
había olvidado cómo es no tenerte …
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