danie
solo un pensamiento...
Sécate las lágrimas que dejó un tiempo
en tu cara pálida y marchita.
Desnuda tu alma agonizante
y sobre todo lanza al retrete
los sedimentos de la purulenta
flagelación de tu casto cuerpo.
Sí, estoy pidiendo que vomites con arrojo
todo el pudor de tu morada interfecta,
vomita los cascajos de tu cielo trasparente
y los agrios espetones clavados en tu pecho.
Vomita niña las náuseas que nunca tuviste
cuando las manos canallas desgarraron tu vientre,
cuando mancharon con sangre
los lienzos alboreos de tu inocencia.
Vomita los gritos de espanto de ese pasado intruso
que esta tan nítidamente metido en tu presente,
los vocablos del Diablo
y sus residuos que carcomen tu mente.
Mi niña sécate las lágrimas y no llores más por ese tiempo
pero no te guardés el dolo de tu presencial muerte,
expúlsalo, vomítalo desde tus adentros.
Vomita el colmado candor que una vez tuviste
y ármate con la coraza briosa de la expiación
que sepulta los arraigados fetiches de culpa y congoja,
derrota de una vez a la sumisa y fétida ideología tortuosa,
rebélate contra ese credo machista de dolor,
vomita tu castrada vidorria sin ninguna compasión.
Mi niña quítate el tul que veda tu piel
y vomita la cuaresma por tu ajado cogollo
sobre los fríos rostros del juicio de tu polución.
Vomita con toda tu fuerza y si no puedes
que te produzca arcadas solo pensar en el rancio
vicio de egolatría testicular que pudre a esta sociedad,
que marcó una vez con sus oxidadas y obscenas cadenas
los pezones de tu noble seno,
que con pinzas de promiscuos aceros abrió tus piernas
y dio a luz a la mísera vergüenza y el rencor.
Vomita sobre su perturbada majadería sombría
y su hermético, estólido y pedante clamor.
Vomita para que todos vean tu vomito
y sepan quienes son los únicos culpables de esta aberración.
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