Violeta
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo comulgué mil veces
con la luz de tus ojos,
así como cada noche
lo hace la luna en estas tierras.
Religión de mi voz,
habitas en el oleaje más alto
de este mar de nostalgias...
mar que no limpia el llanto.
Reposas silente y tierno
en este vacío,
en esta hambre,
en esta sed de alondra herida.
Y quisiera crucificar
las lluvias de medianoche
para no padecer en este juego de ausencias
que de a poco quema el alfabeto del amor.
Hoy voy a cerrar violetas
para no besar más primaveras,
ni cielos de paisajes eternos.
No quiero que algún milagro me roce las alas.