Javier del Silencio
Poeta asiduo al portal
.... ¡Llueve como nunca hechicera!
y no me importa,
ni las aceras que acopian lágrimas
de un cielo que llora,
ni el semáforo rojo que debí burlar,
ni el vehículo que no aminora,
voy al encuentro de letra a letra
que escribe nuestra historia,
eres capítulo sublime en mi vida,
máxime el poema que esconde la euforia,
¡de saber que me esperas!,
conquista mi alma el sentido a la gloria .-
.... miro el reloj y digo :
¡qué tarde se me ha hecho!,
anuncio que quizás te hayas ido
y llegar buscándote en todas las caras
de anónimas, sin siquiera fortuito parecido,
enciendo un cigarrillo y te aguardo,
con el anhelo en derroche
que encierra el motivo,
el más importante y excelso,
¡sólo, el encontrarme contigo!,
.... saberte mi ansia que desborda,
nos acerca, te encuentra aquí, ya conmigo,
tomo un beso de tus labios,
el sabor pleno de ternura que necesito,
y escucho de tu voz simplemente :
¡cómo me he mojado!
siento que tiritas de frío,
entonces mis brazos desean transformarse,
en el caudal ígneo de abrigo,
mientras acaricio, como terciopelo,
tu cabello llovido .
y no me importa,
ni las aceras que acopian lágrimas
de un cielo que llora,
ni el semáforo rojo que debí burlar,
ni el vehículo que no aminora,
voy al encuentro de letra a letra
que escribe nuestra historia,
eres capítulo sublime en mi vida,
máxime el poema que esconde la euforia,
¡de saber que me esperas!,
conquista mi alma el sentido a la gloria .-
.... miro el reloj y digo :
¡qué tarde se me ha hecho!,
anuncio que quizás te hayas ido
y llegar buscándote en todas las caras
de anónimas, sin siquiera fortuito parecido,
enciendo un cigarrillo y te aguardo,
con el anhelo en derroche
que encierra el motivo,
el más importante y excelso,
¡sólo, el encontrarme contigo!,
.... saberte mi ansia que desborda,
nos acerca, te encuentra aquí, ya conmigo,
tomo un beso de tus labios,
el sabor pleno de ternura que necesito,
y escucho de tu voz simplemente :
¡cómo me he mojado!
siento que tiritas de frío,
entonces mis brazos desean transformarse,
en el caudal ígneo de abrigo,
mientras acaricio, como terciopelo,
tu cabello llovido .