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Enmarco en tu sonrisa cada beso
guardado en la alcancía que celosa,
cegaba los portones de su acceso
con jácara mordaz y fría glosa.
Tan diestro tu alfajor rozó travieso
los ángulos ceñidos de la prosa,
que lima su aspereza en poesía
y en lírica trenzada mi atonía.
Acaso sea cierto que profeso
novicia en el santuario de Afrodita,
pues todo lo vivido es un deceso
de ofrendas en caricia ora prescrita.
La rosa de los vientos tiene preso
el céfiro sentir que en mí palpita
al verse reflejado en tu mirada...
Por ti, ¡apuesto amor a todo o nada!
Y así es como debe de ser en el amor apostar a todo o nada,me encantó tu poesía,un beso grande.
Sandra