Vevero
Poeta reconocida en el portal
La libido desierta resucita cenizas,
el miedo y el azar urden estrategias
Pasivos, silenciosos escurren mis contornos
hacia la boca de todos los instintos.
Parte de mí es ya esa voz silenciosa
que iza siluetas
en las arenas de mi espera.
Voz que se conforma en vos
voz que me puebla de vos
que se afinca, que siembra y ara.
¿Cosechará desde este tiempo en la espera letanías de insolencia?
De esas insolencias que avecinan refrescantes tormentas.
De esas lluvias que bendicen, no por llegar del cielo,
sino porque renuevan, llevan savia nueva a la clorofila gastada.
Solo es voz, por ahora, pero retumba, vibra y ata.
Me estás contando tu día
y te escucho y sonrío
y quiero escapar del resto que se vuelve silencio
y acomodarme en tu voz
y quedar así, dormido en vos.
Me dejaré humedecer por las palabras
usaré el vocativo como almohada.
Y en lo profuso de esta noche nuestra,
secreta hermana de la alborada,
mis labios hallarán su morada.
Y tendremos descanso
en un beso imaginario,
con las alas hundidas
en el fondo del sueño.
Beso eterno,
saliva de luna temblorosa.
Y no nos vemos
y no sé si alguna vez,
pero en silencio y sin nada
sabemos que se repetirá
(y será verdad).
el miedo y el azar urden estrategias
Pasivos, silenciosos escurren mis contornos
hacia la boca de todos los instintos.
Parte de mí es ya esa voz silenciosa
que iza siluetas
en las arenas de mi espera.
Voz que se conforma en vos
voz que me puebla de vos
que se afinca, que siembra y ara.
¿Cosechará desde este tiempo en la espera letanías de insolencia?
De esas insolencias que avecinan refrescantes tormentas.
De esas lluvias que bendicen, no por llegar del cielo,
sino porque renuevan, llevan savia nueva a la clorofila gastada.
Solo es voz, por ahora, pero retumba, vibra y ata.
Me estás contando tu día
y te escucho y sonrío
y quiero escapar del resto que se vuelve silencio
y acomodarme en tu voz
y quedar así, dormido en vos.
Me dejaré humedecer por las palabras
usaré el vocativo como almohada.
Y en lo profuso de esta noche nuestra,
secreta hermana de la alborada,
mis labios hallarán su morada.
Y tendremos descanso
en un beso imaginario,
con las alas hundidas
en el fondo del sueño.
Beso eterno,
saliva de luna temblorosa.
Y no nos vemos
y no sé si alguna vez,
pero en silencio y sin nada
sabemos que se repetirá
(y será verdad).
Mauricio Villada / Vevero