Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Como cada día, el sol ilumina el mundo.
Pero no es mi mundo, es otro,
diferente, frío, desapacible, en cual nada reconozco.
He perdido la vida que yo amaba.
La del paseo tranquilo por las tardes
y el saludo complaciente a quienes conocía.
Vida de afanes limpios, enmarcada
por amaneceres y ocasos,
jornadas de sueños y fracasos
forjados en las manos, las espaldas,
palabras y trabajos.
Había palabras como espadas,
que conquistaban mundos nuevos
y nos llevaban en volandas
siendo dueños
del destino que escribíamos,
estrofas claras de nuestros versos.
Hoy la atmósfera es turbia,
apesta como aliento de borracho
y es, que en el licor del poder,
se embriagan quienes piensan
que todo lo pueden,
por que compran hombres,
por que les sobra dinero.
Es tiempo de abrir ventanas,
correr celosías,
que entre el aire fresco.
Que esta España nuestra
hiede a vividor, a tramposo,
a ladrón e, incluso, a muerto.
Salga, pues, hoy el grito,
el que renueve y revolucione,
La voz templada del hombre nuevo
la que sabe alzarse sobre sus puntillas,
la que dice ¡¡Arriba España!!
de cara al cielo.
Pero no es mi mundo, es otro,
diferente, frío, desapacible, en cual nada reconozco.
He perdido la vida que yo amaba.
La del paseo tranquilo por las tardes
y el saludo complaciente a quienes conocía.
Vida de afanes limpios, enmarcada
por amaneceres y ocasos,
jornadas de sueños y fracasos
forjados en las manos, las espaldas,
palabras y trabajos.
Había palabras como espadas,
que conquistaban mundos nuevos
y nos llevaban en volandas
siendo dueños
del destino que escribíamos,
estrofas claras de nuestros versos.
Hoy la atmósfera es turbia,
apesta como aliento de borracho
y es, que en el licor del poder,
se embriagan quienes piensan
que todo lo pueden,
por que compran hombres,
por que les sobra dinero.
Es tiempo de abrir ventanas,
correr celosías,
que entre el aire fresco.
Que esta España nuestra
hiede a vividor, a tramposo,
a ladrón e, incluso, a muerto.
Salga, pues, hoy el grito,
el que renueve y revolucione,
La voz templada del hombre nuevo
la que sabe alzarse sobre sus puntillas,
la que dice ¡¡Arriba España!!
de cara al cielo.
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