Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
Volando de Jalisco a San Francisco
entró el avión en fuerte turbulencia
y, como desconfío de la ciencia,
el labio me hice polvo de un mordisco.
Los vasos por el suelo, ¡vaya cisco!,
el pasaje temblando de impotencia,
la azafata pidiéndonos paciencia
mientras, fuera, caía un gran pedrisco.
Auténtico escenario de locura
que soltó el intestino al más valiente
y hasta algunos clamaron por un cura.
Los meneos cesaron de repente,
las gentes recobraron la cordura
y el avión descendió tranquilamente.
entró el avión en fuerte turbulencia
y, como desconfío de la ciencia,
el labio me hice polvo de un mordisco.
Los vasos por el suelo, ¡vaya cisco!,
el pasaje temblando de impotencia,
la azafata pidiéndonos paciencia
mientras, fuera, caía un gran pedrisco.
Auténtico escenario de locura
que soltó el intestino al más valiente
y hasta algunos clamaron por un cura.
Los meneos cesaron de repente,
las gentes recobraron la cordura
y el avión descendió tranquilamente.