Su corazón no andaba bien. El viejo aventurero tenía que hacer una pausa en su largo peregrinar. ¿Acaso había caído en las trampas del amor? Fue ella la culpable en una noche en el que él se sentía vulnerable. La beso en la boca, así comenzó todo hasta desvestirla y hacer el amor. Al día siguiente ella se marchó sin ni siquiera despedirse. Pero él se quedó con el sabor de su cuerpo. Un cuerpo al cual descubrió su alma. Y no dejaba de pensarla. Algo quedó marcado en su solitario corazón. ¿Acaso fue más que sexo? Se preguntó. Solo sabía que se llamaba Karla. Y así lo tendrá en su memoria hasta el fin de sus días.