Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Me sirvo un whisky suave,
una mezcla de dulzura y misterio,
como aquella mujer que me mira de lejos,
tan perfecta, tan fuera de mi alcance.
El agua de coco roza la piel del licor,
como sus palabras acarician mi oído,
suavemente, sin prisa,
deseando pero sin nunca tocar.
No es mezcal, no es lo amargo del destino,
es un trago que se escurre en la lengua,
como ella, que parece cercana,
pero siempre tan lejana.
Saboreo cada gota,
como saboreo cada instante de su risa,
una dulzura que no es para mí,
un lujo que nunca poseeré.
Es whisky con coco,
una mezcla que no debería ser,
como ella, que no es para uno,
pero aún así, no puedo dejar de beber.
una mezcla de dulzura y misterio,
como aquella mujer que me mira de lejos,
tan perfecta, tan fuera de mi alcance.
El agua de coco roza la piel del licor,
como sus palabras acarician mi oído,
suavemente, sin prisa,
deseando pero sin nunca tocar.
No es mezcal, no es lo amargo del destino,
es un trago que se escurre en la lengua,
como ella, que parece cercana,
pero siempre tan lejana.
Saboreo cada gota,
como saboreo cada instante de su risa,
una dulzura que no es para mí,
un lujo que nunca poseeré.
Es whisky con coco,
una mezcla que no debería ser,
como ella, que no es para uno,
pero aún así, no puedo dejar de beber.