romaguce
Poeta recién llegado
No recuerdo la comedia que mis pasos recorrieron tratando
De encontrar la respuesta,
Una respuesta esquiva que el tiempo se encarga de ocultar
En los más recónditos parajes,
Para seguir teniéndonos esclavos de su indolencia.
Cada quien, trata de esconder sus propias preguntas
Evitando buscar el verdadero sentido de la felicidad,
Contentándose con una mentira placida y adictiva
Que sosiega el momento,
Antes de que la moneda muestre su lado oculto.
No hay respuestas sin que antes,
Una pregunta hiera con vehemencia los oídos de quienes,
Adrede,
No escuchan;
No hay preguntas ni respuestas entre piedras
Ni promesas de amor entre la vida y la muerte,
Solo un silencio interminable,
Inmune
E inimputable,
Que te observa
E infame,
Sigue su camino impávido.
Muchas veces,
Las respuestas,
No son las que nuestra alma quiera sentir
Y evita el estigma lapidante de escuchar la sentencia,
Y escapa perturbada entre dos faroles;
Nadie la vio partir,
Solo se dejó extrañar…
Pero,
¿Porqué huir de una respuesta?,
¿Es preferible asumir una mentira y hacerla real e irrepetible?
La respuesta,
Otras veces,
Es más benigna que la euforia de un momento de éxtasis,
Otras veces,
Tan corrosiva como la sal de los caminos cercanos a la mar,
En algunas ocasiones,
La diferencia entre vivir en paz o con un estilete,
Que se clava y escarba en nuestra sin razón.
No hay respuesta sin pregunta,
Solo el amargo sabor de saber que algo está mal
Y no tener la compasión de corregirlo.
De encontrar la respuesta,
Una respuesta esquiva que el tiempo se encarga de ocultar
En los más recónditos parajes,
Para seguir teniéndonos esclavos de su indolencia.
Cada quien, trata de esconder sus propias preguntas
Evitando buscar el verdadero sentido de la felicidad,
Contentándose con una mentira placida y adictiva
Que sosiega el momento,
Antes de que la moneda muestre su lado oculto.
No hay respuestas sin que antes,
Una pregunta hiera con vehemencia los oídos de quienes,
Adrede,
No escuchan;
No hay preguntas ni respuestas entre piedras
Ni promesas de amor entre la vida y la muerte,
Solo un silencio interminable,
Inmune
E inimputable,
Que te observa
E infame,
Sigue su camino impávido.
Muchas veces,
Las respuestas,
No son las que nuestra alma quiera sentir
Y evita el estigma lapidante de escuchar la sentencia,
Y escapa perturbada entre dos faroles;
Nadie la vio partir,
Solo se dejó extrañar…
Pero,
¿Porqué huir de una respuesta?,
¿Es preferible asumir una mentira y hacerla real e irrepetible?
La respuesta,
Otras veces,
Es más benigna que la euforia de un momento de éxtasis,
Otras veces,
Tan corrosiva como la sal de los caminos cercanos a la mar,
En algunas ocasiones,
La diferencia entre vivir en paz o con un estilete,
Que se clava y escarba en nuestra sin razón.
No hay respuesta sin pregunta,
Solo el amargo sabor de saber que algo está mal
Y no tener la compasión de corregirlo.