UCRONICO
Poeta recién llegado
¿No tendrá remedio esta cruel cordura
que atenaza mis siënes cenicientas,
que me ata y desata las tormentas
que rellenan mis venas de amargura?
Tu martillo me tortura y me tritura
en la forja crepitante que alimentas
con el soplo de las hojas soñolientas
que un otoño de añoranza casi apura.
No se curan las heridas del amor,
ni se apaga una pasión empedernida
con el soplo de un suspiro enamorado.
El placer superlativo es el dolor,
se confunden los extremos de una vida,
risa y llanto sólo son cuestión de grado.
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