romaguce
Poeta recién llegado
Volviendo a empezar;
Nos reponemos…
Avanzamos aun titubeantes,
Nos tomamos de nuestras almas,
Y le arrebatamos una sonrisa a la muerte;
No volteamos a ver lo que dejamos;
Estatuas de sal rodean el camino y lo hacen difícil,
Pensar que vencimos al yugo de nuestro clamor,
Pensar que nos levantamos de la cerviz complacencia de nuestra derrota,
Para perecer egoístas;
Sin respuestas.
Vagamos desposeídos de una pequeña esperanza,
Y bajo la sombra de una brújula enloquecida,
Caemos sumisos sobre el mana de una justicia equivoca y placentera
Que nos impide detenernos ante tanta dulzura.
Intentamos huir,
Pero al ponerse el día,
Volvemos a esta prisión de cuatro barrotes que el dolor de nuestras almas,
Construyo con cada error de esta esquiva fe;
Ya de noche,
Ante el indiferente frescor vigilante de la luna sin estrellas,
Lamemos nuestras heridas preparándonos para un día de más lamentaciones,
Sin una tierra prometida cercana o lejana.
Hoy entiendo,
Nunca se nos prometió que llegaríamos al final del arcoíris,
Siempre hubo esa suave esperanza oculta en nuestros ojos
De hallar la salvación ante esta estampida de confusión y desaliento.
Y seguimos este éxodo de la vida hacia la muerte,
Persiguiendo el espejismo de un gran premio oculto en algún lado,
La diáspora de lo que necesitamos y no conocemos;
No hay final para esta anatema… el infierno continúa…
Nos reponemos…
Avanzamos aun titubeantes,
Nos tomamos de nuestras almas,
Y le arrebatamos una sonrisa a la muerte;
No volteamos a ver lo que dejamos;
Estatuas de sal rodean el camino y lo hacen difícil,
Pensar que vencimos al yugo de nuestro clamor,
Pensar que nos levantamos de la cerviz complacencia de nuestra derrota,
Para perecer egoístas;
Sin respuestas.
Vagamos desposeídos de una pequeña esperanza,
Y bajo la sombra de una brújula enloquecida,
Caemos sumisos sobre el mana de una justicia equivoca y placentera
Que nos impide detenernos ante tanta dulzura.
Intentamos huir,
Pero al ponerse el día,
Volvemos a esta prisión de cuatro barrotes que el dolor de nuestras almas,
Construyo con cada error de esta esquiva fe;
Ya de noche,
Ante el indiferente frescor vigilante de la luna sin estrellas,
Lamemos nuestras heridas preparándonos para un día de más lamentaciones,
Sin una tierra prometida cercana o lejana.
Hoy entiendo,
Nunca se nos prometió que llegaríamos al final del arcoíris,
Siempre hubo esa suave esperanza oculta en nuestros ojos
De hallar la salvación ante esta estampida de confusión y desaliento.
Y seguimos este éxodo de la vida hacia la muerte,
Persiguiendo el espejismo de un gran premio oculto en algún lado,
La diáspora de lo que necesitamos y no conocemos;
No hay final para esta anatema… el infierno continúa…