romaguce
Poeta recién llegado
El tiempo que paso mirándome a lo lejos,
Hace que mis pesadillas una y otra vez, retornen, haciendo de mi austera vigilia, sin café, sin tabaco, sin alcohol, casi siempre sin ti,
Un ir y huir con poco sentido;
Estoy acostumbrado a que quienes me conocen, no sepa quién soy, muchas veces yo mismo he preguntado lo mismo al afeitar el espejo con mi rostro o mientras el sol de la tarde, limpia mi sombra de extrañas siluetas y balbuceos;
No recuerdo el momento en que perdí lo que no tenía, no te recuerdo, aunque siempre te he sentido, silenciosa, a mi lado, contándome tus tristezas, susurrando mis frustraciones; ausente…
Desperté ante la inmensidad, sobre un lienzo pálido y yermo… ¡solo!
Desposeído de la intriga de muchos de mis recuerdos, cansado del bullicio silencioso del silencio que redobla en mí;
Caminé, desesperado, penitente a la caída de la luna, perturbado ante la sombra de otros halos promiscuos e indescifrables, que me alejan de algo que no conozco, pero que espero;
¿Vida ajena, en que falle?, ¿cuándo no entendí tu locura?, ¿cuándo olvide la osadía de escucharte y envejecí ante tu inalcanzable esperanza?
Veo los rostros de muchos, veos sus almas arrastrándose tras sus cuerpos, sumidos en una diáfana oscuridad que no concluye y que se junta con otros haciendo que los tonos negros se ensanchen más y no paren su diáfana melancolía.
No recuerdo lo que fui, lo que muchas veces signifique para otros, si para ti algunas veces fui un beso anónimo, o si en otros momentos, solo la hojarasca de primavera que se limpia del otoño… ¿No recuerdo como llegué aquí?, ¿no recuerdo si amé o alguien me amo escondida tras la penumbra de una mirada silenciosa?, no recuerdo porqué ahora, busco sobre el horizonte, alguna silueta conocida que me de beber un poco tranquilidad y me cuente de dónde vengo, a dónde voy…
Ante la penumbra de mi andar, no recuerdo lo andado;
Cuando cierre mis ojos, tampoco recordaré lo escrito;
Y el vacío, gobernará mis sentidos y no te extrañaré más…
Hace que mis pesadillas una y otra vez, retornen, haciendo de mi austera vigilia, sin café, sin tabaco, sin alcohol, casi siempre sin ti,
Un ir y huir con poco sentido;
Estoy acostumbrado a que quienes me conocen, no sepa quién soy, muchas veces yo mismo he preguntado lo mismo al afeitar el espejo con mi rostro o mientras el sol de la tarde, limpia mi sombra de extrañas siluetas y balbuceos;
No recuerdo el momento en que perdí lo que no tenía, no te recuerdo, aunque siempre te he sentido, silenciosa, a mi lado, contándome tus tristezas, susurrando mis frustraciones; ausente…
Desperté ante la inmensidad, sobre un lienzo pálido y yermo… ¡solo!
Desposeído de la intriga de muchos de mis recuerdos, cansado del bullicio silencioso del silencio que redobla en mí;
Caminé, desesperado, penitente a la caída de la luna, perturbado ante la sombra de otros halos promiscuos e indescifrables, que me alejan de algo que no conozco, pero que espero;
¿Vida ajena, en que falle?, ¿cuándo no entendí tu locura?, ¿cuándo olvide la osadía de escucharte y envejecí ante tu inalcanzable esperanza?
Veo los rostros de muchos, veos sus almas arrastrándose tras sus cuerpos, sumidos en una diáfana oscuridad que no concluye y que se junta con otros haciendo que los tonos negros se ensanchen más y no paren su diáfana melancolía.
No recuerdo lo que fui, lo que muchas veces signifique para otros, si para ti algunas veces fui un beso anónimo, o si en otros momentos, solo la hojarasca de primavera que se limpia del otoño… ¿No recuerdo como llegué aquí?, ¿no recuerdo si amé o alguien me amo escondida tras la penumbra de una mirada silenciosa?, no recuerdo porqué ahora, busco sobre el horizonte, alguna silueta conocida que me de beber un poco tranquilidad y me cuente de dónde vengo, a dónde voy…
Ante la penumbra de mi andar, no recuerdo lo andado;
Cuando cierre mis ojos, tampoco recordaré lo escrito;
Y el vacío, gobernará mis sentidos y no te extrañaré más…