Harbano Salím
Poeta recién llegado
[FONT="] Ne suis-je pas un
[FONT="] faux accord dans la divine
[FONT="]symphonie, grâce à la vorace
[FONT="]ironie qui me secoue et
qui me mord?
Charles Baudelaire
[FONT="]
[FONT="] I.
El principio del fin
Tu estigma se compone de mis manías encharcadas, no sabidas
Vino el viento a soplar furioso y soltó un verde inexorable, para fundir con su lozanía nuestra extenuada marcha
No nos ganó el brío de la noche, cuando separó la penumbra de la euforia
En el cielo se perfuman los cantos; mi tarso se partió justo en el lago amarillo
La blanca muerte susurra cada vez más cerca de nuestras palmas impúdicas
En tierra el reflejo es inextricable y la melodía de un ayer me lleva a la sombra y al desconcierto
Cae del cielo una exigua estrella, y la planta infecta con su sinestesia nos adecenta en la hora última
La mañana me azota en la frente mis fallos de neófito, y de mi inepcia de fatuo recaigo herético
Cuando te tenía me quedaba en las sienes un símbolo que solo no puedo enunciar con mis luces
La dura lluvia raspa mis ventanas, los truenos son el coro de mis lamentos
El grito desesperado de un cuadro oblicuo me desgarra las entrañas y mis églogas se vuelven befas inexactas
Tu mirada casi desaparece de mi mente, tu aroma casi lo olvida mi olfato tembloroso, desespero por vez tercera, muero de dolor porque lentamente tu ausencia me come; ¿acaso no somos farsantes?
El sepulturero me sonríe, tus joyas son regadas en el gélido túmulo de elegías negadas con pujanza
La luna brilla insolente y me da recuerdos lastimosos en las trémulas manos
Mi llanto estoico rechaza las buenas voluntades, mis ojos rendidos y flacos caen a las grietas, tu vestido se ha rasgado
Ya muriente mi último intento persiste en recordarte poco antes de tan lúgubre final