XXIII. In extremis (Epílogo)…

Harbano Salím

Poeta recién llegado
[FONT=&quot] Ne suis-je pas un

[FONT=&quot] faux accord dans la divine

[FONT=&quot]symphonie, grâce à la vorace

[FONT=&quot]ironie qui me secoue et

qui me mord?
Charles Baudelaire
[FONT=&quot]



[FONT=&quot] I.​
“El principio del fin”
Tus raigambres ataron mis límites azorados

Tu estigma se compone de mis manías encharcadas, no sabidas

Vino el viento a soplar furioso y soltó un verde inexorable, para fundir con su lozanía nuestra extenuada marcha

No nos ganó el brío de la noche, cuando separó la penumbra de la euforia

En el cielo se perfuman los cantos; mi tarso se partió justo en el lago amarillo

La blanca muerte susurra cada vez más cerca de nuestras palmas impúdicas

En tierra el reflejo es inextricable y la melodía de un ayer me lleva a la sombra y al desconcierto

Cae del cielo una exigua estrella, y la planta infecta con su sinestesia nos adecenta en la hora última

La mañana me azota en la frente mis fallos de neófito, y de mi inepcia de fatuo recaigo herético

Cuando te tenía me quedaba en las sienes un símbolo que solo no puedo enunciar con mis luces

La dura lluvia raspa mis ventanas, los truenos son el coro de mis lamentos

El grito desesperado de un cuadro oblicuo me desgarra las entrañas y mis églogas se vuelven befas inexactas

Tu mirada casi desaparece de mi mente, tu aroma casi lo olvida mi olfato tembloroso, desespero por vez tercera, muero de dolor porque lentamente tu ausencia me come; ¿acaso no somos farsantes?

El sepulturero me sonríe, tus joyas son regadas en el gélido túmulo de elegías negadas con pujanza

La luna brilla insolente y me da recuerdos lastimosos en las trémulas manos


Mi llanto estoico rechaza las buenas voluntades, mis ojos rendidos y flacos caen a las grietas, tu vestido se ha rasgado

Ya muriente mi último intento persiste en recordarte poco antes de tan lúgubre final…
 

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