Jorge Alexander Caicedo
Poeta recién llegado
No puedo alcanzarte con mis manos de labriego
de hacedor de mundos ciegos y desnudos.
No puedo besarte con mi boca de piel y sueños
donde escapan mis versos como pequeños insectos.
No puedo entregarte este cuerpo falange temporal
que sostiene el cáliz de fuego que me habita.
No puedo darte este corazón trémulo y dormido
que construye universos con soles de sonrisa.
Pero si un día me aceptas en la tarde color de vino
entregaría mis manos como palomas dividiendo cielos
habitarías mis labios con tu carne y serías mi respirar
te entregaría mi cuerpo como legión de mariposas
sedientas de el néctar soberbio de tu cuerpo de cristal.
Éste corazón atravesará el tiempo en su galope
borrar las soledades y abandonos de otro tiempo
arrancarle el dolor lanzarlo al viento en tormentas,
descansar en tu pecho y entregarte su esencia.
No guardaría para mi un solo latido o respiro
terminaría el invierno y renacerían mis bosques
bebería la humedad de tus labios y habitaría tu alma
en la desnudez sincera de quien no ambiciona.
Sin egoísmos sordos como días perdidos
quiero que seas mía en la palidez de la tardes
en la entrega absoluta del que no espera
en la lluvia donde me pierdo en tus ojos.
Y adormilado en las mañanas le sonrío a la luna
en su partida, como gato acomodado en sueño
como poeta fértil enamorado de la sombras
con la sed de este verso que busca tu alma.
de hacedor de mundos ciegos y desnudos.
No puedo besarte con mi boca de piel y sueños
donde escapan mis versos como pequeños insectos.
No puedo entregarte este cuerpo falange temporal
que sostiene el cáliz de fuego que me habita.
No puedo darte este corazón trémulo y dormido
que construye universos con soles de sonrisa.
Pero si un día me aceptas en la tarde color de vino
entregaría mis manos como palomas dividiendo cielos
habitarías mis labios con tu carne y serías mi respirar
te entregaría mi cuerpo como legión de mariposas
sedientas de el néctar soberbio de tu cuerpo de cristal.
Éste corazón atravesará el tiempo en su galope
borrar las soledades y abandonos de otro tiempo
arrancarle el dolor lanzarlo al viento en tormentas,
descansar en tu pecho y entregarte su esencia.
No guardaría para mi un solo latido o respiro
terminaría el invierno y renacerían mis bosques
bebería la humedad de tus labios y habitaría tu alma
en la desnudez sincera de quien no ambiciona.
Sin egoísmos sordos como días perdidos
quiero que seas mía en la palidez de la tardes
en la entrega absoluta del que no espera
en la lluvia donde me pierdo en tus ojos.
Y adormilado en las mañanas le sonrío a la luna
en su partida, como gato acomodado en sueño
como poeta fértil enamorado de la sombras
con la sed de este verso que busca tu alma.
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