Khar Asbeel
Poeta fiel al portal
Pende mi sombra
de un hilo argentino
sobre las piedras limpias,
bajo la ranciedad del sol.
Y la máscara se torna
en engaño quebradizo
cuando el ósculo negro
de la noche incestuosa
huye entre grietas de luz,
dejándote desnudo
ante la ferocidad del alba.
Pende mi sombra
de un hilo argentino
sobre cuerpos fríos,
bajo cielos estrechos.
Y escupo mis pecados
al rostro de lo profundo,
en fieras reverberaciones
que maculan los cielos
y las dalmáticas de ángeles
que anhelan el pecado,
gritando su hervores
hacia horizontes inconclusos.
Pende mi sombra
de un hilo argentino
sobre cenizas duras,
bajo vientos negros.
Y dejo mi carne yerta
sobre alfombras enrojecidas,
inmolado mi última estrofa
a un abismo insomne
donde nada retoña
y no hay horizontes,
ni tiempos, ni escollos,
fermentado la apatía
hasta que el sueño enmudezca.
Pendió mi sombra
de un hilo argentino
sobre fauces sin horas,
cayendo, siempre cayendo.
de un hilo argentino
sobre las piedras limpias,
bajo la ranciedad del sol.
Y la máscara se torna
en engaño quebradizo
cuando el ósculo negro
de la noche incestuosa
huye entre grietas de luz,
dejándote desnudo
ante la ferocidad del alba.
Pende mi sombra
de un hilo argentino
sobre cuerpos fríos,
bajo cielos estrechos.
Y escupo mis pecados
al rostro de lo profundo,
en fieras reverberaciones
que maculan los cielos
y las dalmáticas de ángeles
que anhelan el pecado,
gritando su hervores
hacia horizontes inconclusos.
Pende mi sombra
de un hilo argentino
sobre cenizas duras,
bajo vientos negros.
Y dejo mi carne yerta
sobre alfombras enrojecidas,
inmolado mi última estrofa
a un abismo insomne
donde nada retoña
y no hay horizontes,
ni tiempos, ni escollos,
fermentado la apatía
hasta que el sueño enmudezca.
Pendió mi sombra
de un hilo argentino
sobre fauces sin horas,
cayendo, siempre cayendo.