Y así, yo te sigo
Con tu espada de fuego
llegaste a mi puerto desde el mar
y al verte allí, radiante y escondida
bajo la luz de aquellos azules destellos
mi vida cambió. así. de repente.
Por un desierto sin fin camino
atado a tus dedos, y así yo te sigo
a través de cumbres borrascosas y mares profundos
buscando tierras fértiles y lejanas
para cultivar nuestro amor.
Y cuando me siento en las tardes
a observar ese crepúsculo encendido
percibo el galopante resonar de una manada
que cruza por mi pecho enardecido
y susurra mi destino a tu lado.
En las noches de oscuridad continúo
mi incesante andar y tú, alada y deslumbrante
guías mi camino, cual luna que adorna el cielo helado
y así, yo te sigo, entre bosques impenetrables,
solitario y silencioso, siempre hambriento de ti.
El tiempo se acerca, y mis ávidos brazos
impacientes por enredarse en tu piel
te buscan sin fortuna, y preguntan y se lamentan
¿dónde estás, mi niña? ¿cuántos amaneceres mas sin ti?
y tú, coqueta y alegre solo respondes con el azul de tu mirada.
Mi destino es incierto, pero cálido como la luz del sol
que acaricia mi ciego caminar por estos rumbos
y así, yo te sigo, anhelante e ilusionado, tras esa sonrisa
que revela sin palabras recónditos misterios
de mi llegada a tu puerto y una vida junto a tu mar.
Con tu espada de fuego
llegaste a mi puerto desde el mar
y al verte allí, radiante y escondida
bajo la luz de aquellos azules destellos
mi vida cambió. así. de repente.
Por un desierto sin fin camino
atado a tus dedos, y así yo te sigo
a través de cumbres borrascosas y mares profundos
buscando tierras fértiles y lejanas
para cultivar nuestro amor.
Y cuando me siento en las tardes
a observar ese crepúsculo encendido
percibo el galopante resonar de una manada
que cruza por mi pecho enardecido
y susurra mi destino a tu lado.
En las noches de oscuridad continúo
mi incesante andar y tú, alada y deslumbrante
guías mi camino, cual luna que adorna el cielo helado
y así, yo te sigo, entre bosques impenetrables,
solitario y silencioso, siempre hambriento de ti.
El tiempo se acerca, y mis ávidos brazos
impacientes por enredarse en tu piel
te buscan sin fortuna, y preguntan y se lamentan
¿dónde estás, mi niña? ¿cuántos amaneceres mas sin ti?
y tú, coqueta y alegre solo respondes con el azul de tu mirada.
Mi destino es incierto, pero cálido como la luz del sol
que acaricia mi ciego caminar por estos rumbos
y así, yo te sigo, anhelante e ilusionado, tras esa sonrisa
que revela sin palabras recónditos misterios
de mi llegada a tu puerto y una vida junto a tu mar.