VLADIMIR Z.-
Poeta del vino y las nubes
Y DE PRONTO
Mi vida era relativamente buena
para la realidad del mundo que me rodeaba,
pero tu ampliaste el horizonte
cada vez más con tus palabras.
Y de pronto caes en mí como una roca
con el peso de cien mares,
atándome a mil sueños con tu boca,
invitándome, en ellos, a que te ame
y vivo adorándote en la eterna piel de rosa,
anhelándote en los ojos de diamantes,
comparándote con la luna por lo hermosa,
buscando tu sonrisa en manantiales.
Y de pronto te clavas en mi vida
aferrándome a tu piel con tus palabras,
provocándome lamentos en tu partida
y autentica alegría en las llegadas.
Soñando tu cuerpo con la mirada perdida
que se desplaza hasta tu morada,
llega a tu pelo, te acaricia,
huele tu fresca piel dorada,
pasando por los senos que codicia,
haciendo suya tus caderas adoradas
y se posa entre tus muslos que le incitan
a decirle al oído palabras extasiadas.
Pero vuelve a su estancia como paloma herida,
cae desde el cielo como mil rocas,
pues la distancia no es la que me obliga,
sino la vida hecha entre diferentes zonas.
No me preguntes que es lo que me alivia,
tampoco preguntes lo que me ilusiona,
por que es algo tan inocente lo que invita
a mi sentimiento a apoderarse de mi persona,
son tu voz y tus ojos los que me obligan
a soñar contigo durante horas.
Dedicado para la flor “clara, cristalina” que en la piedra creció.
Mi vida era relativamente buena
para la realidad del mundo que me rodeaba,
pero tu ampliaste el horizonte
cada vez más con tus palabras.
Y de pronto caes en mí como una roca
con el peso de cien mares,
atándome a mil sueños con tu boca,
invitándome, en ellos, a que te ame
y vivo adorándote en la eterna piel de rosa,
anhelándote en los ojos de diamantes,
comparándote con la luna por lo hermosa,
buscando tu sonrisa en manantiales.
Y de pronto te clavas en mi vida
aferrándome a tu piel con tus palabras,
provocándome lamentos en tu partida
y autentica alegría en las llegadas.
Soñando tu cuerpo con la mirada perdida
que se desplaza hasta tu morada,
llega a tu pelo, te acaricia,
huele tu fresca piel dorada,
pasando por los senos que codicia,
haciendo suya tus caderas adoradas
y se posa entre tus muslos que le incitan
a decirle al oído palabras extasiadas.
Pero vuelve a su estancia como paloma herida,
cae desde el cielo como mil rocas,
pues la distancia no es la que me obliga,
sino la vida hecha entre diferentes zonas.
No me preguntes que es lo que me alivia,
tampoco preguntes lo que me ilusiona,
por que es algo tan inocente lo que invita
a mi sentimiento a apoderarse de mi persona,
son tu voz y tus ojos los que me obligan
a soñar contigo durante horas.
Dedicado para la flor “clara, cristalina” que en la piedra creció.
Última edición:
::
::