Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
Y, ¿dónde esta el mar?.
tome por consecuencia
el efecto,
y eso que el granizo hizo
algún ruido al caer.
sobre el ástrago bosques y nieve
apaciguaban los impactos
y bajo el ojo nimbado de la tarde
montaba a la grupa
de inequívocas lucubraciones.
esto es un perdida de tiempo, pensé.
todos los paisajes tienen sentido tan solo
como corriente
si es el azud de mi mente
el que los sostiene, y luego en estuario,
y luego un océano.
la cordillera de deshacía en laxas estribaciones.
Junto a mi jamelgo hundíamos las espuelas
en la carne fresca
y luego de tantos soles
la noche nos recibía abierta y volátil en la cima de un universo.
el terreno olvidaba sus dientes de jaguar.
Bajé del jamelgo, me apoyé en el cipión y observé:
¡Ay, madre mía, un vasto territorio fructífero y monótono de largas explanadas horizontales presentábase
intentando silenciar mi tambor!
yo seguía el eco del primer amor rebotado
en la infinita depresión,
pero el mar jadeaba lejano, y tras mi espalda; la montaña y el sol.
apuré el odre, el cuenco trazado por las líneas de mis manos,
hasta mis labios
para descubrir que en el reflejo doméstico
el espacio infinito
eras enteramente vos.
Y entonces bailé en un círculo de fuego
nueve veces
como una codorniz alrededor del rehue.
el sol asomaba por el este, y ya el oeste disipado y noctámbulo
quemaba sus últimas naves sobre la palma húmida de Cuyen.
desairado, el océano, lanzaba sus últimos anzuelos
intentando recobrar al hijo y a los círculos,
pero el hijo
no tenía porque volver. Ya no ansiaba la lluvia
y el aire salvaje
y las marejadas y la andorga undívaga. Ya no.
el agua subía por mis pies, mil veces
amigo
tu rostro fue azul.
Ya no tenía porque volver. la vida se desgajaba
y tal vez
los océanos hayan sido la reminiscencia
y el efecto
hacia tu mirada y tu cuerpo y el amor.
recobrado del duelo, un viento sudeste acarició mi rostro
despertándome y siroco.
el Tiempo era el mismo, yo era otro.
recobrado del duelo, un viento sudeste acarició mi rostro
despertándome y siroco.
el Tiempo era el mismo, yo era el otro.
.a Estefanía Giannino
tome por consecuencia
el efecto,
y eso que el granizo hizo
algún ruido al caer.
sobre el ástrago bosques y nieve
apaciguaban los impactos
y bajo el ojo nimbado de la tarde
montaba a la grupa
de inequívocas lucubraciones.
esto es un perdida de tiempo, pensé.
todos los paisajes tienen sentido tan solo
como corriente
si es el azud de mi mente
el que los sostiene, y luego en estuario,
y luego un océano.
la cordillera de deshacía en laxas estribaciones.
Junto a mi jamelgo hundíamos las espuelas
en la carne fresca
y luego de tantos soles
la noche nos recibía abierta y volátil en la cima de un universo.
el terreno olvidaba sus dientes de jaguar.
Bajé del jamelgo, me apoyé en el cipión y observé:
¡Ay, madre mía, un vasto territorio fructífero y monótono de largas explanadas horizontales presentábase
intentando silenciar mi tambor!
yo seguía el eco del primer amor rebotado
en la infinita depresión,
pero el mar jadeaba lejano, y tras mi espalda; la montaña y el sol.
apuré el odre, el cuenco trazado por las líneas de mis manos,
hasta mis labios
para descubrir que en el reflejo doméstico
el espacio infinito
eras enteramente vos.
Y entonces bailé en un círculo de fuego
nueve veces
como una codorniz alrededor del rehue.
el sol asomaba por el este, y ya el oeste disipado y noctámbulo
quemaba sus últimas naves sobre la palma húmida de Cuyen.
desairado, el océano, lanzaba sus últimos anzuelos
intentando recobrar al hijo y a los círculos,
pero el hijo
no tenía porque volver. Ya no ansiaba la lluvia
y el aire salvaje
y las marejadas y la andorga undívaga. Ya no.
el agua subía por mis pies, mil veces
amigo
tu rostro fue azul.
Ya no tenía porque volver. la vida se desgajaba
y tal vez
los océanos hayan sido la reminiscencia
y el efecto
hacia tu mirada y tu cuerpo y el amor.
recobrado del duelo, un viento sudeste acarició mi rostro
despertándome y siroco.
el Tiempo era el mismo, yo era otro.
(((una doncella engalanada con todos los dotes de la mar
danzaba acercándose, al alborear)))
danzaba acercándose, al alborear)))
recobrado del duelo, un viento sudeste acarició mi rostro
despertándome y siroco.
el Tiempo era el mismo, yo era el otro.